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lunes, 29 de marzo de 2010

Paul Auster. El palacio de la luna



Leemos ésta quincena El palacio de la luna de Paul Auster, adjunto breve biografía.


Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 3 de febrero de 1947) es un escritor estadounidense. En su juventud tradujo poesía francesa, y fue también poeta antes de orientarse hacia la novela. También ha trabajado para el cine. Suyos son los guiones de Smoke, Blue in the Face y Lulu on the Bridge. También el de su más reciente película, en la que actúa su hija, Sophia Auster, The Inner Life of Martin Frost.


Biografía


Sus padres habían nacido en los Estados Unidos, aunque eran originarios de Europa central. Su contacto con los libros es bastante prematuro, gracias a la biblioteca de un tío suyo, traductor. Empieza a escribir a los 12 años, antes incluso de descubrir el béisbol que tanto aparece en sus novelas. Entre 1965 y 1967, estudia en Nueva York, en la Universidad de Columbia, literatura francesa, italiana e inglesa. Empieza a traducir a autores franceses como Dupin y Du Bouchet y viaja a París. Volverá en 1967 para evitar ir a la Guerra de Vietnam, tratará de trabajar en el cine, aunque suspenderá el examen de ingreso al IDHEC. Escribe guiones para películas mudas que nunca se rodarán, pero que descubriremos más tarde en El libro de las ilusiones.
Durante los diez años siguientes, el trabajo será duro (véase A salto de mata). Escribe artículos para revistas, empieza las primeras versiones de El país de las últimas cosas y de El palacio de la luna, semi biográfica, trabaja en un petrolero, vuelve a Francia donde vivirá unos tres años (1971-1974) gracias a sus traducciones de Mallarmé, Sartre o Simenon). Hizo una importante entrevista a Edmond Jabès (Pista de despegue). También escribe poesías y obras de teatro de un acto.
En 1976 escribe su primera novela, Squeeze Play (editada como Jugada de Presión), bajo el pseudónimo de Paul Benjamin, una suerte de novela negra al estilo clásico de Raymond Chandler y Dashiell Hammett con la que obtuvo escaso éxito editorial. Poco tiempo después de divorciarse, la muerte de su padre le proporciona una pequeña herencia que le saca de apuros y le inspira para escribir La invención de la soledad. Se publica su libro en prosa Espacios blancos. Conoce a la novelista Siri Hustvedt, con la que se casará en 1981. Se publica en 1982 El arte del hambre.
Se empieza a reconocer a Paul Auster entre los grandes escritores. Entre 1986 (en que se publica Ciudad de cristal) y 1994 (Mr Vértigo), publica novelas mayores como El palacio de la luna y Leviatán. Obtuvo el Premio Médicis en 1993 por esta novela, Leviatán. Vuelve al cine, y adapta junto al director Wayne Wang su relato corto El cuento de navidad de Augie Wren. Smoke y Blue in the Face se estrenan en 1995. El mismo Auster dirigirá Lulu on the bridge (1997), mal recibida por la crítica.
Vuelve a la novela con Tombuctú (1999), El libro de las ilusiones (2002), La noche del oráculo (2004) y Brooklyn Follies (2005). En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. En el año 2006 publica Viajes por el Scriptorium y comienza también la que va a ser su segunda película como director The Inner Life of Martin Frost. En 2008 publica otra novela más: Un hombre en la oscuridad. Su obra ha sido sistemáticamente traducida al castellano y al catalán.


Su obra

Paul Auster es, por excelencia, el escritor del azar y de la contingencia; como no cree en la causalidad, persigue en lo cotidiano las bifurcaciones surgidas por errores o acontecimientos aparentemente anodinos. Esto sucede en La trilogía de Nueva York, en La música del azar, y sobre todo en Leviatán, en su excepcional escena central. Su estilo es aparentemente sencillo, gracias a su trabajo y conocimiento de la poesía, pero esconde una compleja arquitectura narrativa, compuesta de digresiones, de metaficción, de historias en la historia y de espejismos (El cuento de navidad de Augie Wren). También describe existencialmente la pérdida, la desposesión, el apego al dinero, el vagabundeo (en El palacio de la luna, cuyo personaje central se llama Marco Stanley Fogg, en una especie de unión de estos tres grandes viajeros). También se cuestiona la identidad, en especial en la La trilogía de Nueva York en la que uno de sus personajes (que no es el narrador) se llama como él; en Leviatán, en la que el narrador tiene sus iniciales (Peter Aaron) y conoce a una mujer llamada Iris (anagrama de su esposa Siri); o en La noche del oráculo, donde un personaje se llama Trause (anagrama de Auster). La enfermedad, el mimo en la descripción de los objetos de papelería, la metaliteratura son señas de identidad recurrentes que se dan en su obra

lunes, 22 de marzo de 2010

Día Internacional de la Poesía‏


¡¡¡Feliz Día Internacional de la Poesía a todo el mundo!!!

Ya está aquí otra vez la primavera. Es verdad: a veces creemos que no vamos a ver la luz al final de los túneles.Pero es primavera y el mundo parece bueno y amable otra vez. Sed felices, Corazones. Sed muy felices. Quiero ver cómo sois capaces de sonreír a la vida, porque la vida nos sonríe en cada momento, en cada mirada de luz, en cada esquina o recodo de nostalgia. Os mando los últimos poemas que acabo de escribir para celebrar este día .

Un abrazo con todo mi cariño,

Blanca Langa


Si la lluvia me arrasa,
me derriba,
si me invade los ojos la nostalgia,
no es por saberte allí,
del otro lado.
Tras el espejo crecen
las flores de la luna,
y siempre es primavera
en tu mirada.
Esta mañana duelen las caricias,
y no somos capaces de vivirnos.
Que hay días en que asusta la ternura
y se tensa, aterido, el corazón.
Brinda conmigo ahora,
que mañana,
cuando llegue la vida a despertarte,
estallará otra vez la primavera
y brotarán mil flores de esperanza.



Ojos, manos, sonrisas,
despertares de luz,
azules madrugadas.
¡Ah, si supiera
que cierta noche oscura de mi alma
todo será posible, si supiera...!
Pero sí que lo sé:
aún hay caminos.
Aún nos queda la luz y la esperanza.

martes, 16 de marzo de 2010

poemas y poetas de la quincena‏





Pedro Salinas
(Madrid, 1891 - Boston, 1951)
Poeta subjetivo, heredero de la tradición amorosa de Garcilaso de la Vega y de Gustavo Adolfo Bécquer, el gran tema de su poesía fue el amor, a través del cual matizó y recreó la realidad y los objetos. En su producción se pueden distinguir tres etapas. El amor de su lírica no es atormentado y sufrido; es una fuerza prodigiosa que da sentido a la vida (La voz a ti debida, 1933; Razón de amor. Fue mientras ejercía de profesor en la Universidad de Santander cuando se enamoró de una joven alumna norteamericana llamada Katherine R. Whitmore, en 1932. Ambos iniciaron una relación clandestina, en gran medida epistolar, que se mantuvo durante varios años y comenzó a enfriarse a raíz del intento de suicidio por parte de la esposa de Salinas, que descubrió el secreto de su marido hacia 1935. Fue Katherine Whitmore quién inspiró las tres principales obras poéticas de Pedro Salinas, las que le concederían el título de poeta del amor.
De Largo lamento (1938).- Es un libro de amor, pero en él, a diferencia que en los dos anteriores, la dicha del amor ha sido desalojada por la desolación de un amor que agoniza y muere, que es ya sólo amargo recuerdo, dolorosa elegía.

Los puentes

¿Qué habría sido de nosotros, di, si
no existieran puentes?
Pero hay puentes, hay puentes. ¿Los recuerdas?

Nada mejor que pasar las noches
sin algas, en que enero
escribe cartas a la primavera
con níveos alfabetos sobre el mundo,
que abrirse la memoria,
el viejo álbum
que lleva en casa varios años
puesto sobre la mesa de la sala
para que se entretengan las visitas.

Voy a abrirlo.
Y como estás dormida y estás lejos
lo podremos mirar sin esa prisa
que tiembla en tu mirada cuando vienes.
Lo podremos mirar, sí, con los ojos
que tú te quitas siempre y que me entregas,
cuando vas a dormir, como sortijas,
para que yo los guarde y no esté ciego.
(Tus ojos son más míos cuando duermes
porque miran a nada o a los sueños,
y yo soy ese sueño, o nada, tuyo.)
Y hoja por hoja,
sin miedo a que se escape tu mirada
con algún dios que cruza por la esquina,
iremos, yo, tus ojos y yo, mientras descansas,
bajo los tersos párpados vacíos,
a cazar puentes, puentes como liebres,
por los campos del tiempo que vivimos.
No puede haber un puente
tan breve como éste,
que es el primero que encontramos: tú.
¿Recuerdas cuántas veces
lo hemos cruzado?
Por lejos que se esté si digo: “tú”,
si dices: “tú”, se pasa invariablemente,
de mí a ti, de ti a mí.
Se pasa
sin sentirlo las alas,
y de pronto me encuentro en el lugar más bello de tu orilla
a la sombra que me hace siempre el alma
cuyo tierno ramaje inmarcesible
son tus miradas, cuando a mí me miran.
millones de palabras nos apartan,
nombres propios o verbos,
y hablar de los demás es siempre un río
que aumenta las distancias de este mundo,
hasta que sin querer se dice: “tú”.
“Tú”, la palabra sola
por donde un gran amor puede pasar
a las islas felices,
seguro, con séquito
de caballos alegres y corales.
El álbum conservo
por si un día te mueres y lo olvidas,
en la página ciento veintidós
y nítida, la estampa
del primer puente o “tú” que nos dijimos.

Sigamos, sí, pasando hojas. Mira:
éste es un puente largo, es de cristales;
se labra, sobre todo, por las noches.

Hay lágrimas que no se pierden nunca
mejilla abajo, en los pañuelos
con que inocentemente pretendemos
cortarles su querencia. Su querencia
se cumple: lo que quieren es unir.
Y nunca que se llora se está lejos.
O tu llanto o mi llanto
sobre las soledades se han tendido
uniendo las distancias
que abren la lógica y las risas
tan peligrosamente
que de no haber sabido llorar bien
junto a helechos minúsculos,
ahora tú y yo estaríamos
separados contentos, y mirándonos
en esas sensateces como espejos,
cuadradas y evidentes, que intentamos
entregarnos un día, al despedirnos.
Lo que nunca he podido averiguar
aunque no he hecho muchos cálculos en láminas
de lagos, con las plumas de los cisnes
es el número
necesario de lágrimas
para poder pasar sin miedo alguno
donde queremos ir. Acaso baste
como bastó una tarde de noviembre,
que está en el álbum, poco más allá,
con que tus ojos tiemblen,
tiemblen, humedecidos, sin llorar.

Permíteme también que te recuerde
tu verde pitillera,
sus cigarrillos y la breve máquina
de plata en que trasmite
después de tantos siglos afanosos
su ambiciosa tarea Prometeo
a unos esbeltos dedos de mujer.
Quizá no sepas, joven todavía
que el humo lleva siempre a alguna parte
donde se quiere estar
si se le pisa con los pies debidos.
Y que tú, a veces, cuando en los divanes
con que la tarde amuebla las ausencias,
tan sin bulto te tiendes como luz
y das principio a un humo con tus labios,
Te has quedado de pronto tan vacía
ya tan fuera de ti, que es necesario
suponer la existencia de algún puente
gris, azul, pero siempre caprichoso
por donde te encaminas hacia mí.
Por eso luego están los ceniceros
llenos de ruinas, como el recordar.
Y ya no quiero
cansarte más, el álbum
suele cansar. Te enseñaré, lo último,
la esfera de un reló, toda ella puentes.

Como pasamos juntos
un día entero sin pecado alguno,
ningún minuto nos separa ya.
Escoge, busca, entre las veinticuatro
crueles separadoras de los hombres,
una que no nos haya unido, una.

Busca
en las horas de invierno
cuando a las cuatro era de noche
y cantaban los tés en las teteras:
verás un puente, allí.
Busca en las horas de las vacaciones,
las matinales, en las cándidas auroras
que de puro blancor avergonzaron
a las tristes censuras de la noche
apagando su voz. Y nos encontrarás.
Escruta los rincones
más raros, en el tiempo;
las tres y cinco de la madrugada,
cuando se paran todos los rencores
ante dos cuerpos que enlazados duermen;
las doce, tan redondas, del estío
las seis y veinte, la una y treinta y dos:
todas han sido puentes y conservan
las huellas que imprimimos, su gran honra.
Si por unas pasaste
toda hacia mí en los labios
sacrificándome tu cuerpo
para que se lograra lo inmortal,
por otras has cruzado,
sin sentirlo tú misma, cuando yo
velaba tu misterio adormecido.
Todas las horas fueron y vinieron
de ti a mí, de mí a ti.
Y cuando vayas por el mundo sola
y veas los relojes de estaciones
donde tanto se cuenta ir y venir,
o cuando tu muñeca se desciña
el recuerdo mejor que yo te di,
comprenderás que por cualquier hora
podemos encontrar lo que buscábamos:
el amor y las horas por venir.

No hay más estampas.
Cerremos la memoria.
Y cuando te despierte
y yo vuelva a colocar los ojos
allí, donde ellos me enseñaron a mirar,
te hablaré en voz muy baja de otro puente,
por si acaso tú quieres.
Porque queda otro y otro y otro, aún.

Pedro Salinas









IDEA VILARIÑO
Reseña biográfica
Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1920.Además de poeta, fue crítica literaria, traductora, compositora y educadora.En 1985, tras la dictadura, obtuvo la Cátedra de Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República.De sus traducciones sobresalen los trabajos realizados sobre Shakespeare, reconocidos ampliamente por la crítica. Su personalidad y sus convicciones la llevaron durante muchos años a rechazar cualquier tipo de promoción de su nombre y de su obra. A pesar de ello, obtuvo varios premios internacionales y ha sido traducida a otros idiomas. Sus poemas, dotados de gran musicalidad, se agruparon en títulos como «La suplicante», «Poemas de amor», «Nocturnos» y «Poesía».Falleció en Montevideo en abril de 2009




Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos...


Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.


Comparación
Como en la playa virgen
dobla el viento
el leve junco verde
que dibuja
un delicado círculo en la arena
así en mí
tu recuerdo.

Y por último uno muy cortito, una “perla” de Emily Dickinson,
Reseña biográfica
Poeta norteamericana nacida en Amherst, Massachusetts en 1830.Hija y nieta de prominentes figuras políticas e intelectuales, fue educada en un ambiente puritano y estricto que la convirtió en una persona solitaria y nostálgica. Durante su vida rara vez salió de casa y sus amistades fueron escasas; sin embargo, entre las pocas personas que frecuentó, tuvo especial aprecio por el Reverendo Charles Wadsworth, quien tuvo un impacto enorme sobre sus pensamientos y su poesía. Admiró también a los poetas Robert y Elizabeth Barrett Browning, así como a John Keats.Aunque su producción poética fue muy amplia, sólo fue editada en 1890 después de su muerte, ocurrida en el año de 1886 en la ciudad de Amherst



To make a prairie it takes a clover and one beeEmily Dickinson (1830-1886)

To make a prairie
it takes a clover and one bee,
One clover, and a bee,
And revery.
The revery alone will do,
If bees are few.



Hacer una pradera requiere un trebol y una abeja

Hacer una pradera
requiere un trébol y una abeja.
Un trébol y una abeja
y el ensueño.
Si las abejas escasean,
basta el ensueño.


lunes, 15 de marzo de 2010

Como agua para chocolate, Laura Esquivel


Leemos esta quincena el libro "Cómo Agua para Chocolate" de la méjicana Laura Esquivel.


Adjunto breve biografía y un pequeño resúmen del libro. Espero que lo disfrutéis.



Laura Esquivel


(México, D.F., 1950) Escritora mexicana. Laura Esquivel cursó estudios de educadora, así como de teatro y creación dramática, y se especializó en teatro infantil, siendo cofundadora del Taller de Teatro y Literatura Infantil, adscrito a la Secretaría de Educación Pública.
Entre 1979 y 1980 escribió programas infantiles para la cadena cultural de la televisión mexicana y, en 1983, fundó el Centro de Invención Permanente, integrado por talleres artísticos para niños, asumiendo su dirección técnica.
Ese mismo año Laura Esquivel se introdujo en la creación de guiones cinematográficos, debutando en 1985 con el guión de la película Chido One, el Tacos de Oro, nominada por su argumento para el premio Ariel de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México. En 1987 su obra de teatro infantil Viaje a la isla de Kolitas obtuvo una acogida muy favorable, manteniéndose en cartel durante un año en la capital mexicana. En 1989 obtuvo un gran éxito con la novela Como agua para chocolate, que fue llevada al cine por el director Alfonso Arau, partiendo del guión escrito por la propia Laura Esquivel. El relato de una historia de amor desde los fogones de una cocina conquistó al público y a la crítica que habló, no ya de realismo mágico, sino de la magia de la literatura o la literatura mágica al referirse a esta obra. Se realizaron traducciones a decenas de idiomas y, en 1994, la novela recibió el Premio American Bookseller

Book of the Year en Estados Unidos.


Cómo agua para chocolate


Este libro es una novela de amor que relata la vida de una muchacha que sufre a causa de las tradiciones antiguas de que la hija más pequeña tenía que cuidar a su madre, creció en la cocina la cual era su único consuelo, sus platillos tenían diferentes efectos según el carácter y comportamiento de la persona que los comía. Cocinar, era su único escape a los problemas que le causaba haberse enamorado, al dolor de no poder estar con el amor de su vida, del golpe fatal que fue para ella saber que el hombre que amaba se casaría con su hermana, de las humillaciones y golpes de su madre y la perdida de la persona que la crío y quiso más que su propia madre; paso por tantas dificultades que cuando sintió que había encontrado de nuevo el amor se dio cuenta de que seguía amando a ese hombre que a pesar de todo era su más grande y único amor. Ella siempre luchó por romper esa tradición que parecía ser su maldición. Cuando por fin pudo librarse de todo lo que le impedía ser feliz y estuvo en el momento más culminante de su querencia, sufrió la perdida del hombre que amaba. Al fin de la novela logra su objetivo y muere a causa del fuego de su combinación de amor y pasión.



viernes, 12 de marzo de 2010

Muere Miguel Delibes

Nos hemos desayunado con la muerte de Miguel Delibes. Pego artículo de "El País".

Miguel Delibes ha fallecido hoy en Valladolid a los 89 años, según ha informado su familia. El escritor padecía un cáncer del que fue intervenido en los años noventa. Con su obra Delibes consiguió dar nuevo vuelo a la literatura española, postrada tras el rodillo de la Guerra Civil. Era el último gran referente de las letras castellanas del siglo XX. El legado literario de Delibes está surcado por el sentimiento amoroso, la desigualdad social y el contraste entre la vida en el medio rural y en la ciudad. Atento la habla de las gentes del campo, su rico y preciso léxico es considerado como uno de los últimos reductos del español de Castilla, aunque el novelista introdujo importantes innovaciones formales.

Con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada (un relato sobre la pérdida y la posibilidad de la felicidad, ambientado en Ávila y Barcelona,), obtuvo en 1947 el prestigioso premio Nadal. Ha sido acreedor de las distinciones más importantes de las letras hispanas y varias veces candidato al Nobel de Literatura. En 1973 ingresó en la Real Academia Española; en 1982 ganó el premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1993 el premio Cervantes.
Nacido en Valladolid en 1920, Delibes comenzó una prolífica carrera como escritor tras lograr el Nadal, siendo autor de unas 60 obras, entre novelas, libros de viajes y diarios, la gran mayoría de ellas publicadas en la editorial Destino. Su último trabajo, aparecido en 2006, es una recopilación de relatos breves titulada Viejas historias y cuentos completos. Una decena de sus novelas ha sido adaptada al cine o a la televisión. Su personaje de Azarías en Los santos inocentes (interpretado en la versión cinematográfica de Mario Camus por el actor Paco Rabal) es uno de los iconos culturales españoles de la segunda mitad del siglo XX.
El franquismo
En su obra de 1966 Cinco horas con Mario, Delibes realiza con éxito no sólo un arriesgado ejercicio formal (el texto es un monólogo dividido en 27 capítulos) sino también una profunda crítica del provincianismo y de la realidad de la dictadura franquista. El autor, no obstante, nunca ocultó su respeto y admiración por la tradición castellana, aun con el rubro de conservadurismo que eso pudiera conllevar. Pese a su tradicionalismo, la obra de Delibes supuso un revulsivo para la apolillada realidad literaria de la España de la posguerra.
Pero la carrera de Delibes no arrancó como escritor, sino como caricaturista. En calidad de tal comenzó a publicar en 1940 en el diario El Norte de Castilla, en el que firmaba bajo el pseudónimo de Max. En esta etapa de su vida Delibes además sacó la cátedra de Derecho Mercantil (en 1945), contrajo matrimonio con Ángeles de Castro (1946) y comenzó a realizar críticas de cine. Llegaría a ser director de El Norte de Castilla entre 1958 y 1963. Siempre compaginó la actividad literaria con la periodística (fue colaborador entre otros del diario EL PAÍS).
En 1950 publica El camino, una obra sobre la pérdida de la inocencia infantil de su protagonista, Daniel el Mochuelo. Con esta novela, según la crítica, Delibes encuentra su lugar en las letras hispanas y consigue retratar con precisión y elegancia el habla de Castilla.
La caza
Con Diario de un cazador Delibes logró en 1955 el Premio Nacional de Literatura y abrió una de las corrientes de su literatura, la del deporte cinegético, a la que dedicó una docena de libros, entre otros: La caza de la perdiz roja (1963), El libro de la caza menor (1966), Con la escopeta al hombro (1970), La caza de España (1972), Alegrías de la Caza (1977) y Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo (1978).
"El hombre-cazador debe esforzarse, por ejemplo, porque este duelo se aproxime al rigor que presidía los torneos medievales: armas iguales, condiciones iguales. Por sabido, la perdiz no podrá disparar sobre nosotros, pero nosotros quebraremos el equilibrio de fuerzas, incurriremos en deslealtad o alevosía, si nos aprovechamos de sus exigencias fisiológicas (celo, sed, hambre), de sofisticados adelantos técnicos (transmisores, reclamos magnetofónicos, escopetas repetidoras), o de ciertos métodos de acoso (batidas, manos encontradas) para debilitarla y abatirla más fácilmente. De aquí que yo no considere caza, sino tiro, al ojeo de perdiz y recuse la caza del urogallo -mientras canta a la amada, a calzón quieto-, por considerarlo un asesinato", decía el escritor en las páginas de este periódico en 1982.
Autobiográfico y familiar
La obra de Delibes está teñida de datos y experiencias autobiográficas. En Señora de rojo sobre fondo gris (1991), el escritor revisita la muerte de su esposa, ocurrida en 1974, cuando ésta tenía 50 años. Ese hecho marcó la trayectoria creativa de Delibes, un hombre muy apegado al concepto tradicional de familia y con una abundante descendencia. Entre sus hijos destaca el reputado biólogo Miguel Delibes de Castro.
En la década de los noventa al novelista le fue detectado un cáncer del que fue intervenido con éxito en 1998 en la clínica de la Luz de Madrid. Ese mismo año publicó El Hereje, su última gran novela, con la que dio por terminada su actividad creativa y con la que logró el Premio Nacional de Literatura. En 2007, en una entrevista concedida a EL PAÍS, Delibes se mostró cansado por su mal estado de salud: "Ya no puedo hacer más. Se me ha saltado la cuerda como a los coches de los niños pequeños", señaló.

martes, 2 de marzo de 2010

El Jorobado. Arthur Conan Doyle


Leemos además de "El regreso del soldado" El cuento de Conan Doyle "El Jorobado". El cuento está enlazado en el título.


Pongo breve biografía del autor.


Médico, novelista y escritor de novelas policiacas, creador del inolvidable maestro de detectives Sherlock Holmes. Conan Doyle nació el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo y estudió en las universidades de Stonyhurst y de Edimburgo. De 1882 a 1890 ejerció la medicina en Southsea (Inglaterra). Estudio en escarlata, el primero de los 68 relatos en los que aparece Sherlock Holmes, se publicó en 1887. El autor se basó en un profesor que conoció en la universidad para crear al personaje de Holmes con su ingeniosa habilidad para el razonamiento deductivo. Igualmente brillantes son las creaciones de los personajes que le acompañan: su amigo bondadoso y torpe, el doctor Watson, que es el narrador de los cuentos, y el archicriminal profesor Moriarty. Conan Doyle tuvo tanto éxito al principio de su carrera literaria que en cinco años abandonó la práctica de la medicina y se dedicó por entero a escribir. Los mejores relatos de Holmes son El signo de los cuatro (1890), Las aventuras de Sherlock Holmes (1892), El sabueso de Baskerville (1902) y Su último saludo en el escenario (1917), gracias a los cuales se hizo mundialmente famoso y popularizó el género de la novela policiaca. Surgió, y todavía pervive, el culto al detective Holmes. Gracias a su versatilidad literaria, Conan Doyle tuvo el mismo éxito con sus novelas históricas, como Micah Clarke (1888), La compañía blanca (1890), Rodney Stone (1896) y Sir Nigel (1906), así como con su obra de teatro Historia de Waterloo (1894). Durante la guerra de los bóers fue médico militar y a su regreso a Inglaterra escribió La guerra de los Bóers (1900) y La guerra en Suráfrica (1902), justificando la participación de su país. Por estas obras se le concedió el título de sir en 1902. Durante la I Guerra Mundial escribió La campaña británica en Francia y Flandes (6 volúmenes, 1916-1920) en homenaje a la valentía británica. La muerte en la guerra de su hijo mayor le convirtió en defensor del espiritismo, dedicándose a dar conferencias y a escribir ampliamente sobre el tema. Su autobiografía, Memorias y aventuras, se publicó en 1924. Murió el 7 de julio de 1930 en Crowborough (Sussex).



lunes, 1 de marzo de 2010

Rebeca West


Breve Biografía


Cecil Isabel Fairfield; Kerry, Irlanda, 1892-Londres 1983) Escritora británica. Después de una breve carrera de actriz en Londres, se dedicó al periodismo político y a la defensa de sus ideas feministas. Adoptó su seudónimo de la obra de Ibsen, Rosmersholm. Dotada de un extraordinario espíritu polémico, escribió ensayos sobre Henry James (1915), D.H. Lawrence (1930), San Agustín (1933) y McLuhan (1969); un extenso reportaje sobre Yugoslavia (Oveja negra y halcón gris, 1941); el ensayo El significado de la traición (1949); un libro sobre el juicio de Nuremberg (A train of powder, 1955) y novelas como El regreso del soldado (1918), Harriet Hume (1929), La fuente rebosante (1957) y The birds fall down (1966).



Leemos esta quincena El regreso del soldado. Espero que todos lo disfrutemos