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lunes, 27 de septiembre de 2010
Trópico de Cáncer
Henry Valentine Miller (Nueva York, 26 de diciembre de 1891 - Los Ángeles, California, 7 de junio de 1980), novelista estadounidense. Su obra se compone de novelas semiautobiográficas, en las que el tono crudo y sensual suscitó una serie de controversias en el seno de un Estados Unidos puritano que Miller quiso estigmatizar denunciando la hipocresía moral de la sociedad norteamericana. Influyó notablemente en la llamada Generación Beat.
Biografía
La juventud de Miller fue errática. Alternaba diversos trabajos con breves períodos de estudios en el City College de Nueva York. En 1924 se casa con June Mansfield tras divorciarse de su primera esposa, Beatrice Sylvas, con la que tuvo una hija.
En 1930, durante la Gran Depresión, se va a Francia donde vive el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En esta época, Miller decide consagrarse totalmente a la literatura. Sus primeros años de bohemia en París fueron miserables, tuvo que luchar contra el frío y el hambre; se alimentaba con las comidas que le ofrecían y dormía, cada noche, bajo un puente distinto. La suerte se presentará en la persona de Richard Osborn, un abogado americano que le ofrece una habitación en su apartamento. Cada mañana, Osborn, dejaba encima de la mesa de la cocina un billete de 10 francos para que Miller lo gastara a su conveniencia. Conoce a Anaïs Nin (de la que fue amante), a Brassaï y a Alfred Perlès, y empiezan sus tanteos con el surrealismo.
En el otoño de 1931, Miller obtiene su primer empleo como corrector de estilo en el periódico Chicago Tribune, gracias a su amigo Alfred Perlès; ocasión que aprovecha para publicar varios artículos que firmará con el nombre de "Perlés", dado que sólo los miembros del equipo editorial podían editar sus escritos. Escribe, en ese año, Trópico de cáncer, en la Villa Seurat de Montparnasse, que será publicado gracias al apoyo de su amiga y amante, la también escritora Anaïs Nin, en 1934. Esta novela le supuso, en los EE.UU, un proceso por obscenidad, según las leyes vigentes en esa época dictadas contra la pornografía. Esta novela estuvo censurada, en su país, hasta la década de 1960, y sólo pudo ingresar clandestinamente con la portada de Jane Eyre, el clásico de Charlotte Brontë.
Miller prosigue su batalla personal contra el puritanismo intentando liberar, desde un punto de vista moral, social y legal, los tabúes sexuales existentes en la literatura americana. Continúa escribiendo novelas, todas censuradas en los Estados Unidos por obscenas. Publica Primavera negra (1936), y Trópico de Capricornio (1939), que consiguen su difusión en los EE.UU pese a tener que ser vendidos subrepticiamente, lo cual contribuye a forjar su reputación de escritor underground.
egresa a los Estados Unidos en 1940 y se instala en el Big Sur (California), donde continúa produciendo una literatura pujante, colorista y socialmente crítica. Escribe El coloso de Marussi (1941), que versa sobre un viaje a Grecia, país que visitó invitado por Lawrence Durrell; el libro más que una guía al uso es un monumento lírico a la sensualidad mediterránea, una crítica brillante al modo de vida americano y un alegato por la paz. Le siguieron La pesadilla del aire acondicionado (1945-47), la trilogía La crucifixión rosa, compuesta por Sexus (1949), Plexus (1953), y Nexus (1960). Escribió Las naranjas del Bosco en 1957; y el estudio literario, El mundo de D.H. Lawrence en 1980.
Se le ha considerado, incluso, un postmoderno. Sus trópicos, tachados de pornográficos, generaron una gran polémica y fueron prohibidos en los países anglosajones. En 1964 la Corte Suprema de los Estados Unidos anula, de la Corte de Estado, el juicio contra Miller por obscenidad, lo que representa el nacimiento de lo que, más tarde, será conocido con el nombre de revolución sexual.
Entre sus aficiones estaban las de pianista amateur y pintor. Escribió libros sobre su pintura y tras su muerte, sus acuarelas fueron trasladadas a dos museos: el Henry Miller Museum of Art en la ciudad de Omachi Nagano (Japón) y el Henry Miller Art Museum en la Coast Gallery de Big Sur.
Falleció en Pacific Palisades, California. Sus restos fueron incinerados y sus cenizas esparcidas sobre Big Sur
http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_Miller
Estamos ante una de las obras maestras del siglo XX, y en su tiempo, escandalosa y controvertida, que fuera censurada por las leyes estadounidenses debido a su explícito tratamiento del sexo; por tanto, Trópico de Cáncer hubo de esperar casi treinta años (hasta 1960) para ser publicada, al menos abiertamente, en Estados Unidos (sin embargo, cabe mencionar que la obra fue ingresada de contrabando al país americano bajo la cubierta de Jane Eyre, la obra clásica de Charlotte Brontë).
Trópico de Cáncer es un libro semi autobiográfico de Henry Miller, contado de forma maravillosamente abierta y honesta, que habla acerca de las aventuras y desventuras del autor en su vida en París, a puertas de la Segunda Guerra Mundial. Es un libro lleno de reflexión, tabú y observaciones sobre de la naturaleza del ser humano, donde además destaca la capacidad de relatar con pulcritud y objetividad una vida desenfrenada de nuevas vivencias, aventuras amorosas, decepciones y riesgos.
Pero finalmente, el miedo al vacío es lo que determina el camino a seguir del protagonista. La novela gana ligereza con la constancia y decisión de Miller de incluir las sensaciones de su personaje a cada hecho ocurrente. El resultado es una obra íntima, pero firme de convicciones y plena de citas iluminadas con la chispa del genio. Adicionalmente, al estar narrada en primera persona, Trópico de Cáncer se despoja de la ambición y la pretensión. Como factores en contra, tenemos que la constante presencia de los monólogos, así como los saltos entre el presente y el pasado, pueden llegar a cansar al lector. Asimismo, al ser el personaje un borracho aspirante a escritor, que espera las noches para su rutinaria visita a los burdeles parisinos, difícilmente el público se sentirá identificado con este personaje.
Sin embargo, si nos ceñimos a los cánones literarios, nos encontramos frente a una obra de estilo fresco y muy recomendable; una obra que permanece actual a pesar del paso del tiempo.
“Cada quien tiene su tragedia privada. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastío, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastre, frustración, futilidad. No obstante, el efecto que me produce es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero que el mundo entero se descentre…” Trópico de Cáncer
lunes, 20 de septiembre de 2010
POETAS ARAGONESES 1
Cuando el cierzo desciende y se alza la niebla,
toda la ciudad –mi Zaragoza amada- se cubre de palabras
que surgen del silencio hacia la nada.
Es entonces –el enorme Paseo
se hace suave y hermoso- cuando veo las cosas
como fueron: El niño, la explanada,
la vieja que vendía cacahuetes y almendras.
Pero cuando otra vez
el aire del Moncayo violentamente baja,
surgen los comerciantes
en paños y en alhajas
aupando a un tonto sabio
que viene a hablar del alma.
¡Ay mi ciudad
con tantos pedestales
cubiertos de anónimas palabras!:
¿A dónde te diriges?
Sólo tu espesa niebla
permite ver las cosas
igual que se veían en la infancia
toda la ciudad –mi Zaragoza amada- se cubre de palabras
que surgen del silencio hacia la nada.
Es entonces –el enorme Paseo
se hace suave y hermoso- cuando veo las cosas
como fueron: El niño, la explanada,
la vieja que vendía cacahuetes y almendras.
Pero cuando otra vez
el aire del Moncayo violentamente baja,
surgen los comerciantes
en paños y en alhajas
aupando a un tonto sabio
que viene a hablar del alma.
¡Ay mi ciudad
con tantos pedestales
cubiertos de anónimas palabras!:
¿A dónde te diriges?
Sólo tu espesa niebla
permite ver las cosas
igual que se veían en la infancia
EL TIEMPO DIFÍCIL (V)
Cantamos.
Cantamos por las calles –avenidas a medias-
con nuestro amor -¿amor aquello?- sobre
la espalda recién cicatrizada aún.
Y tardes enteras
en las vespertinas sesiones de cines humildes
cogidos de la mano -¿amor aquello?- inútilmente
horas y más horas. Hasta casi las nueve de la
noche.
Y luego el reverendo padre
en el púlpito barroco y torturado
acusándonos a todos -¿amor aquello?-
por unos besos nunca omitidos.
Y a pesar de todo
cantamos hasta abordar tus labios
con mis labios desesperadamente hartos
del silencio no vida tantas horas paradas
ante un escaparate iluminado.
¿Amor aquello?
Sí amor aquello
unido abrazo pleno hasta saciar la sed
del dedo la palabra el llanto
la agonía de los besos furtivos
en un baile aséptico domingo por la tarde
en la ciudad.
Cantamos por las calles –avenidas a medias-
con nuestro amor -¿amor aquello?- sobre
la espalda recién cicatrizada aún.
Y tardes enteras
en las vespertinas sesiones de cines humildes
cogidos de la mano -¿amor aquello?- inútilmente
horas y más horas. Hasta casi las nueve de la
noche.
Y luego el reverendo padre
en el púlpito barroco y torturado
acusándonos a todos -¿amor aquello?-
por unos besos nunca omitidos.
Y a pesar de todo
cantamos hasta abordar tus labios
con mis labios desesperadamente hartos
del silencio no vida tantas horas paradas
ante un escaparate iluminado.
¿Amor aquello?
Sí amor aquello
unido abrazo pleno hasta saciar la sed
del dedo la palabra el llanto
la agonía de los besos furtivos
en un baile aséptico domingo por la tarde
en la ciudad.
HABLO POR HABLAR
Hablo, por hablar,
hoy que está desierto el mar
y una paz agreste invade
estas turolenses llamaradas
de fuego y de dolor.
Hablo del día a día que sucede,
de las tardes que adiós nos despedimos,
de los hijos que llegan,
de las tierras que acogen nuestros cuerpos
y de todo aquello
que va formando, al fin, nuestra figura.
Del paso indefinido
hablo también
y hablo, para quedar en paz con mi conciencia,
del tiempo jamás recuperado,
huido entre sonrisas, adioses y lágrimas,
que nadie reservó para el otoño.
Hablo del campesino y de su hondura,
del herrero que fragua su tristeza,
del minero que invade las entrañas,
del poeta que, a solas, agoniza.
Hablo de mi mujer y su esperanza.
Y hablo de este pequeño dios
que ha entrado en casa,
después de tantos días esperado.
Hablo y hablo
y nunca sé por qué guardar silencio.
Hoy quisiera olvidarme del mar,
del mar en las ventanas,
del dígale usted a todos buenos días,
seguimos por aquí,
así como siempre, muy buenos de salud
y de agonía.
Hoy quisiera
no saber las palabras,
olvidarme los ritos, las maneras,
ser tan libre como la mano de una niña,
o el ojo de un pájaro en la niebla.
Hoy quisiera
-queremos siempre y para nada sirve-
decir palabras lentas,
melodías colgadas de la sombra,
sueños que se entrecruzan, heroicas campanas.
Pero somos de aquí,
del billete señor,
la carne va subiendo
y el hígado del viejo se estropea.
Somos
de las tardes de fútbol.
Hoy quisiera
-quieres tantas cosas-
cerrar de una vez esta ventana
y descansar del ruido de allá afuera.
Pero entran el mar,
el ruido y el regusto brutal
de toda esta tierra.
Somos de ahí,
de enfrente, justo al lado
donde se ama y crea.
Somos
-y hoy yo quisiera...-
del urbano paisaje de la tierra
y aquí no hay quien se salve
de la hoguera.
hoy que está desierto el mar
y una paz agreste invade
estas turolenses llamaradas
de fuego y de dolor.
Hablo del día a día que sucede,
de las tardes que adiós nos despedimos,
de los hijos que llegan,
de las tierras que acogen nuestros cuerpos
y de todo aquello
que va formando, al fin, nuestra figura.
Del paso indefinido
hablo también
y hablo, para quedar en paz con mi conciencia,
del tiempo jamás recuperado,
huido entre sonrisas, adioses y lágrimas,
que nadie reservó para el otoño.
Hablo del campesino y de su hondura,
del herrero que fragua su tristeza,
del minero que invade las entrañas,
del poeta que, a solas, agoniza.
Hablo de mi mujer y su esperanza.
Y hablo de este pequeño dios
que ha entrado en casa,
después de tantos días esperado.
Hablo y hablo
y nunca sé por qué guardar silencio.
HOY QUISIERA
Hoy quisiera olvidarme del mar,
del mar en las ventanas,
del dígale usted a todos buenos días,
seguimos por aquí,
así como siempre, muy buenos de salud
y de agonía.
Hoy quisiera
no saber las palabras,
olvidarme los ritos, las maneras,
ser tan libre como la mano de una niña,
o el ojo de un pájaro en la niebla.
Hoy quisiera
-queremos siempre y para nada sirve-
decir palabras lentas,
melodías colgadas de la sombra,
sueños que se entrecruzan, heroicas campanas.
Pero somos de aquí,
del billete señor,
la carne va subiendo
y el hígado del viejo se estropea.
Somos
de las tardes de fútbol.
Hoy quisiera
-quieres tantas cosas-
cerrar de una vez esta ventana
y descansar del ruido de allá afuera.
Pero entran el mar,
el ruido y el regusto brutal
de toda esta tierra.
Somos de ahí,
de enfrente, justo al lado
donde se ama y crea.
Somos
-y hoy yo quisiera...-
del urbano paisaje de la tierra
y aquí no hay quien se salve
de la hoguera.
lunes, 13 de septiembre de 2010
El maestro de Petersburgo

Leemos esta quincena el libro de Coetzee, El Maestro de Petersburgo. Adjunto breve biografía del autor y breve reseña del libro.
Novelista surafricano. Nació en Ciudad del Cabo y estudió en las universidades de Ciudad del Cabo y Texas. Desde 1971 da clases en la Universidad de Ciudad del Cabo. Sus novelas, a menudo alegóricas o simbólicas, atacan el sistema del apartheid en Suráfrica o echan abajo los ejemplos históricos del colonialismo. Pocos escritores surafricanos han sabido equilibrar tan bien como Coetzee el reclamo de la justicia social con las exigencias técnicas y estéticas de la novela. Ganó el premio Booker por Vida y época de Michael K (1983), historia de un luchador por la libertad. Otras novelas son Tierras en penumbra (1974), En el corazón del país (1977), Esperando a los bárbaros (1980) y Foe (1986). También ha publicado varios libros de ensayos, como Doblando el cabo: Ensayos y entrevistas (1994). Su novela El maestro de Petersburgo (1994) explora nuevos horizontes narrativos, haciendo regresar a un Dostoievski ficticio al San Petersburgo de 1869 desde su autoexilio de Dresden, donde se había escondido de sus acreedores rusos. En el año 2003 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

En El maestro de Petersburgo Coetzee recrea a su modo la figura del escritor Fiódor Dostoyevski, contando un episodio en el que el autor vuelve a San Petersburgo para averiguar las circunstancias de la muerte de su hijastro Pavel, que aparentemente se ha suicidado.
La historia emocional del padre que busca el perdón de un hijo al que abandonó por egoísmo (porque le molestaba en su relación con su nueva y joven esposa), se convierte en un complejo análisis sobre la relación entre padres e hijos, y en un documentado retrato del escritor ruso. Dostoyevski es en apariencia un hombre de talento, correcto, atractivo, ronda los cincuenta pero aún tiene mucho éxito con las mujeres, un escritor de prestigio que se entiende debe tener dinero… sin embargo, a lo largo de la novela, de su pensamiento y de sus actos se revela un hombre inseguro, supersticioso, machista, endeudado por su afición al juego, egoísta, tirano (su joven esposa lo llama “el amo”), tacaño, insensible hacia los que sufren (los pobres, los animales), mujeriego, con una sexualidad exacerbada, morbosa, en la que llega a rozar la pedófila.
Junto al profundo retrato psicológico del protagonista, Coetzee introduce una reflexión sobre la época de la Revolución rusa en la que se sitúa la novela. Nachaev, cabecilla revolucionario, cuyo partido es “el partido de la Venganza”, representa el enfrentamiento de los jóvenes contra el poder establecido (de nuevo, hijos contra padres) pero también un símbolo del pensamiento radical que llega a manifestarse en las formas más bárbaras: el terrorismo, los asesinatos sin sentido, la violencia y la devastación irracional. Curiosa la relación entre Dostoyevski y Nachaev pues aunque el escritor odia al revolucionario, sus historias y su forma de ser se parecen demasiado: los dos tuvieron un padre maltratador, los dos han sido jóvenes contestatarios (Dostoyevski llegó a estar condenado en Siberia), los dos presentan ciertos rasgos de locura y los dos son igualmente narcisistas e insensibles hacia los sentimientos de los demás.
Pero aún hay más en esta novela densa y difícil (quizá la más difícil de las que se ha leído hasta ahora en el Taller de Lectura) pero interesante y profunda. ¿Qué busca Dostoyevski en este viaje a Petersburgo? Busca el perdón, busca una señal de salvación, pero lo que encuentra en los escritos de su hijastro que le entrega la policía es únicamente un castigo, la prueba de que su hijo lo odiaba. En ese momento Fiódor podría comprender y perdonar, pero al contrario, se manifiesta igual a su odiado Nachaev: sobreviene el rencor y la necesidad de venganza. Y la venganza para él es sencilla: corromper los escritos de su hijo, inventar un Pavel que no es el chico agradable que todo el mundo ha conocido, sino un tipo mezquino y oscuro, ensuciar su imagen a través de la escritura, mientras los lectores asistimos al proceso creativo de un escritor, al proceso en el que éste pervierte y distorsiona la realidad.
La historia emocional del padre que busca el perdón de un hijo al que abandonó por egoísmo (porque le molestaba en su relación con su nueva y joven esposa), se convierte en un complejo análisis sobre la relación entre padres e hijos, y en un documentado retrato del escritor ruso. Dostoyevski es en apariencia un hombre de talento, correcto, atractivo, ronda los cincuenta pero aún tiene mucho éxito con las mujeres, un escritor de prestigio que se entiende debe tener dinero… sin embargo, a lo largo de la novela, de su pensamiento y de sus actos se revela un hombre inseguro, supersticioso, machista, endeudado por su afición al juego, egoísta, tirano (su joven esposa lo llama “el amo”), tacaño, insensible hacia los que sufren (los pobres, los animales), mujeriego, con una sexualidad exacerbada, morbosa, en la que llega a rozar la pedófila.
Junto al profundo retrato psicológico del protagonista, Coetzee introduce una reflexión sobre la época de la Revolución rusa en la que se sitúa la novela. Nachaev, cabecilla revolucionario, cuyo partido es “el partido de la Venganza”, representa el enfrentamiento de los jóvenes contra el poder establecido (de nuevo, hijos contra padres) pero también un símbolo del pensamiento radical que llega a manifestarse en las formas más bárbaras: el terrorismo, los asesinatos sin sentido, la violencia y la devastación irracional. Curiosa la relación entre Dostoyevski y Nachaev pues aunque el escritor odia al revolucionario, sus historias y su forma de ser se parecen demasiado: los dos tuvieron un padre maltratador, los dos han sido jóvenes contestatarios (Dostoyevski llegó a estar condenado en Siberia), los dos presentan ciertos rasgos de locura y los dos son igualmente narcisistas e insensibles hacia los sentimientos de los demás.
Pero aún hay más en esta novela densa y difícil (quizá la más difícil de las que se ha leído hasta ahora en el Taller de Lectura) pero interesante y profunda. ¿Qué busca Dostoyevski en este viaje a Petersburgo? Busca el perdón, busca una señal de salvación, pero lo que encuentra en los escritos de su hijastro que le entrega la policía es únicamente un castigo, la prueba de que su hijo lo odiaba. En ese momento Fiódor podría comprender y perdonar, pero al contrario, se manifiesta igual a su odiado Nachaev: sobreviene el rencor y la necesidad de venganza. Y la venganza para él es sencilla: corromper los escritos de su hijo, inventar un Pavel que no es el chico agradable que todo el mundo ha conocido, sino un tipo mezquino y oscuro, ensuciar su imagen a través de la escritura, mientras los lectores asistimos al proceso creativo de un escritor, al proceso en el que éste pervierte y distorsiona la realidad.
sábado, 4 de septiembre de 2010
POETAS BILBILITANOS 1

BLANCA LANGA HERNÁNDEZ.
Premio "Gerardo Diego de poesía 1988" por "Cementerio de gorriones"
"Franjas de sombra" recibió el premio de Poesía
"Santa Isabel de Aragón, reina de Portugal"
REGRESO
Vino a reconciliarse con la tierra
en busca de una niña que abre el trébol
y cuenta las estrellas en los ojos
de todo aquel que añora los prodigios.
Vino en busca del mago del armario
que corona las frentes de violetas,
del hada del geranio
que extravió para siempre su varita
en la senda del tiempo, junto al árbol.
Fue buscando
las alas del gorrión en la ventana
y la risa del duende que no existe.
Abrió sus manos,
pues quería abarcar aquella infancia,
la ternura perdida que extrañaba
entre cada regreso y cada abrazo.
(De "Franjas de sombra")
POEMISIVA
Esta tarde quisiera ver el mundo
con los ojos agudos del payaso,
ir mucho más allá de las miradas,
o traer una alondra en el bolsillo.
Y mañana quisiera, al encontrarnos,
hacer de cada verso un lazo rojo
para poder ataros las sonrisas
al anónimo blanco de las sábanas
y a las batas sin nombre pensativas.
Demostradme que sí, que en un poema
hay espadas de luz, que las palabras,
en esta broma absurda de la vida,
aún pueden derribar a los dragones.
¡Demostradme que sí!
Toda la fuerza
indomable y antigua de este abrazo.
( De "Poemas a Viva Voz III")
TAL VEZ POR ESO,
o porque todo cabe,
alimento ahora mismo a las alondras
que me abren las ventanas.
Dejo que vengan hacia mí los pájaros
y aniden en mi falda,
y que en mi frentepicote
en la paz y las ideas.
Nombro las cosas, las miradas nombro,
los sueños atesoro, la nostalgia,
y, aunque sé que es inútil y que nadie
puede guardar en cofres las palabras,
las anoto en tus manos, amor mío,
las escribo en tu piel,
grabo en tu cuerpo
con mis dedos de lluvia las palabras
que sustraigo a la luz y que rescato
en mis labios terrosos para el aire.
Algún día,
mientras ande en tu boca atando versos,
el hachazo de un viento ineludible
barrerá una a una mis palabras
y tu piel quedará para nombrarme.
El rastro de mi voz sobre tu cuerpo.
Para que yo recuerde y tú no olvides
el mar del otro lado
desatará la lengua para hablarme.
Para que yo no olvide y tú recuerdes.
En tus ojos marinos mis palabras
se abrirán para ti como esta tarde
en que grabo mi voz sobre tu cuerpo.
(De "Tal vez sea la luz)
VOSOTROS
Buceaba en las sombras.
No sabía
que el canto mineral de los silencios
heriría mi voz con su guadaña.
Escribía palabras entre sueños,
-la frente coronada de amapolas,
las manos horadadas por la luz-,
el miedo iba creciendo en mis papeles.
Iba dejando un rastro de añoranza,
para que, si me voy, queden los ojos,
las manos y las voces que he amado,
y siempre estéis ahí, en mis palabras,
uno a uno en la luz de mi retina,
vosotros, que encendisteis mi mirada
cuando andaba estrenando la ternura.
( De "Tal vez sea la luz")
domingo, 22 de agosto de 2010
POESÍA

Negra sombra
Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
a los pies de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.
Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que zumba.
Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el murmullo del río
y eres la noche y eres la aurora.
En todo estás y tú eres todo,
para mí y en m misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.
Rosalía de Castro.
«Serán ceniza...»
Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre. El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
José Angel Valente.
Blanca un abrazo fuerte y cálido, de todas tus compañeras del club. Sabes que no estás sola.
jueves, 19 de agosto de 2010
POESÍA

Ángel González
A veces,
mi egoísmo
me llena de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin
remedio,
mi querido
hermano y parigual en la
desgracia.
A veces -
A veces -
o mejor dicho:
casi nunca,-
te odio tanto
que te veo
distinta.
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible
y por lejano-.
Pero el odio también me modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo
nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú, el cabello largo.
Cuando sonríes,
yo te reconozco,
identifico tu perfil
primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras,como
sigues
siendo,
como serás ya siempre,
mientras te ame.
TODO AMOR ES EFÍMERO
Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
mi vida entera.
Geografía humana
Lúbrica poesía de lunares
en la pulida mar de tu cadera.
Trópico del tabaco y la madera
mecido por las olas de tus mares.
En los helados círculos polares
toda tu superficie reverbera...
Bajo las luces de tu primavera,
a punto de deshielo, los glaciares.
Los salmones avanzan por tus venas
meridianos rompiendo en su locura.
Las aves vuelan desde tus colinas
Terreno fértil, huerto de azucenas:
tan variada riqueza de tu hermosura
pesa sobre tus hombros, que te inclinas.
Muerte en el olvido
Yo sé que existoporque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencilloy bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie lo sepa.
Verán viva
mi carne, pero será otro hombre-oscuro, torpe, malo-
el que la habita...
Por aquí pasa un río
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas...No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.
Si vas de prisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas...
martes, 10 de agosto de 2010
Cerrado por vacaciones

Nos tomamos vacaciones este mes de agosto. Para la vuelta el día 12 de septiembre leeremos La elegancia del erizo
Adjunto reseña del libro
Muriel Barbery: La elegancia del erizo. Isabel González Gallarza (trad.) Barcelona: Seix-Barral, 2007.Novela de éxito en Francia que, probablemente, terminará escalando posiciones entre las listas de los libros más vendidos también en España, y quién sabe si en el resto del mundo. Tiene el libro todas las cualidades necesarias para convertirse en el regalo perfecto para adolescentes en navidad. La forma, dos diarios que comienzan paralelos y terminan encontrándose, dos vidas solitarias que terminan por hallar una en otra su complemento necesario. La trama es irrelevante, pues pertenece al subgénero de literatura juvenil. El contenido de los diarios es una heterodoxa iniciación a problemas filosóficos de actualidad: el sentido de vida, la crítica a los valores de la sociedad occidental, la lucha de clases, la utilidad de la psiquiatría o la salvación individual a través del arte y la belleza. Aquí y allá, implícita o explícitamente, Platón, Schopenhauer, Nietzsche, Kant, Husserl, Ockham... Y un punto de vista acerca de la filosofía en el que hay cierto consenso: la filosofía no puede reducirse a mero análisis de textos tal y como ocurre en la mayoría de tesis doctorales donde más que filosofar se realizan autopsias a cadáveres que llevan cientos de años pudriéndose. La filosofía, como decían Spinoza o Nietzsche, debe ser pensamiento sobre y para la vida. Tiene, por tanto, la novela de Barbery algunas afinidades con otra novela de éxito El mundo de Sofía, de Jostein Gaardner, aunque hay que reconocerle a La elegancia del erizo cierta potencia reflexiva y ciertas cualidades literarias de las que carece la primera.
Un elemento esencial de la novela es el papel que juega en ella la cultura japonesa a través del haiku, las películas de Ozu, el manga, su exquisita cocina y ese impulso oriental innato para encontrar la belleza en lo más pequeño y efímero. La cultura japonesa se convierte para los personajes principales en tabla de salvación frente a la vulgaridad, el vacío y la hipocresía de Occidente. Lo japonés se erige en ideal de búsqueda insaciable de Belleza y Verdad en lo cotidiano. Estas tesis convierten a la novela de Barbery en la antítesis de otra novela relativamente reciente, Estupor y temblores de Amelie Nothomb (Barcelona: Anagrama, 2000). Nothomb, nacida en Kobe -Japón- en 1967, muestra el lado oscuro de la cultura japonesa. En esta autobiografía novelada narra su experiencia vital del funcionamiento de la sociedad japonesa. Una sociedad obsesionada por la jerarquía y absolutamente machista, donde ser mujer y occidental, es motivo suficiente para sufrir en el mundo laboral una forma especialmente sádica de esclavitud. Creo que ambas novelas se complementan en su visión de la realidad japonesa.
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