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Próxima reunión 27 de Mayo, domingo. Hora 19.30
viernes, 18 de febrero de 2011
Oliverio Girondo
11
Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.
Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las discuciones y las escenas de familia.
¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura! ¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!
Ni un conventillo de calabreses malcasados, en plena catástrofe conyugal, daría una noción aproximada de las bataholas que se producen a cada instante.
Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón, los de al lado se insultan como carreros, y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza, se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente.
Cualquier cadáver se considera con derecho a manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de ciudadano, y no contento con enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos interioriza de lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio.
De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios, las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde, nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio, que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente.
Aunque paresca mentira -esas humillaciones- ese continuo estruendo resulta mil veces preferible a los momentos de calma y silencio.
Por lo común, éstos sobrevienen con una brusquedad de síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío. Imposible asirse a alguna cosa, encontrar un asperosidad a que aferrarse. la caída no tiene término. El silencio hace sonar su diapasón. La atmósfera se ratifica cada vez más, y el menor ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un dedo que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota con los obstáculos que encuentra, se amalgama con todos los ecos que persisten; y cuando parece qeu ya se va a extinguir, y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre.
¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir!...
____________________________________________
Escrito por Oliverio Girondo
Tomado del libro "ESPANTAJAROS (al alcance de todos) (1932)"
viernes, 11 de febrero de 2011
. . .
Si algún día yo estuviera muy enfermo
Sin posible salvación para los médicos
Y vinieses a verme
No me moriría
Si vinieses a darme un beso
Solamente
Y entre tus manos se templara mi tacto
Si oyese
Ya con los ojos cerrados
"Hola Ramón, he venido a verte"
Y tus labios se posaran en mis labios
Dejando en mi boca un aliento de vida enamorada
No me moriría
Brotaría de mis pecho un limonero
Con ramas florecidas
Abrazadas a tu cuerpo
Y llorando de alegría
Nos iríamos los dos juntos.
. . .
Si estuvieras muy enferma
Desahuciada ya por los medicamentos y los cirujanos
Pálida
Sin el ánimo que surge de tu centro
Y oyeses mi voz caliente decirte desde cerca
"Hola Vida, he venido a verte"
No te morirías
Con mi respiración sobre tu boca
Un suspiro entraría en tu pecho
Y una gota temblorosa
Cayendo desde la altura enamorada
Sobre tu garganta
Y el color del mundo
No te morirías
Entre mis labios tus labios
Tus dedos en mis manos
Todos mis brazos te levantarían
Hacia una sonrisa
Hacia un grito
Y te daría las gracias
Por dejarme ser
Contigo.
Ramón Montejano (2007)
"Si no fuera por San Valentín"
Si algún día yo estuviera muy enfermo
Sin posible salvación para los médicos
Y vinieses a verme
No me moriría
Si vinieses a darme un beso
Solamente
Y entre tus manos se templara mi tacto
Si oyese
Ya con los ojos cerrados
"Hola Ramón, he venido a verte"
Y tus labios se posaran en mis labios
Dejando en mi boca un aliento de vida enamorada
No me moriría
Brotaría de mis pecho un limonero
Con ramas florecidas
Abrazadas a tu cuerpo
Y llorando de alegría
Nos iríamos los dos juntos.
. . .
Si estuvieras muy enferma
Desahuciada ya por los medicamentos y los cirujanos
Pálida
Sin el ánimo que surge de tu centro
Y oyeses mi voz caliente decirte desde cerca
"Hola Vida, he venido a verte"
No te morirías
Con mi respiración sobre tu boca
Un suspiro entraría en tu pecho
Y una gota temblorosa
Cayendo desde la altura enamorada
Sobre tu garganta
Y el color del mundo
No te morirías
Entre mis labios tus labios
Tus dedos en mis manos
Todos mis brazos te levantarían
Hacia una sonrisa
Hacia un grito
Y te daría las gracias
Por dejarme ser
Contigo.
Ramón Montejano (2007)
"Si no fuera por San Valentín"
lunes, 7 de febrero de 2011
El túnel
Leemos esta quincena El túnel de Ernesto Sábato. Adjunto biografia y reseña del libro

Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911. Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. Trabajó luego en el Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura.
Ha escrito varios libros de ensayos sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y sobre el sentido de la actividad literaria -El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979)-, y tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), y Abbadón el exterminador (1974).
Dice Sábato: "Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años. Desee 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos" de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-metemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas: Domínguez, Matta, Wifredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con Domínguez, a la tarde, al Marché aux Puces y volvimos después en el Metro hasta Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de una existencia muy compleja." (Ernesto Sábato, 24 de enero de 1995)
"El Túnel" es una novela de estructura psicológica escrita por el argentino Ernesto Sabato. Presenta en el personaje de María Iribarne la comprensión de la totalidad y el absoluto a la vez que las zonas ocultas de misterio que impulsarán a Juan Pablo Castel a asesinarla. El pintor, al dar forma a su obsesión interna, debe renunciar a cualquier otra opción, en un proceso a la vez constructivo y destructivo que centrará el análisis de las motivaciones del crimen. Obra esencial de Ernesto Sabato, El túnel nos entrega los elementos básicos de su visión metafísica del existencialismo. Es una obra en la que abunda el pesimismo en cada diálogo o pensamiento de los personajes.
"El túnel", como llamó Sabato a su libro, es lo oscuro del alma, lo que el hombre pretende conocer como la verdad.
Tras su publicación en 1948, Sabato logró el reconocimiento internacional al recibir elogios de personalidades del mundo como Thomas Mann y Albert Camus.
"El túnel", una historia sobre la incomunicación y sobre la conversión del amor en odio, es una novela fácil de leer, que se puede considerar policíaca, aunque no de misterio; desde el principio sabemos quién es la víctima y quién el verdugo. Pese a la amargura y el pesimismo que recorre toda la trágica historia, Sabato deja también espacio para la ironía.
Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911. Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. Trabajó luego en el Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura.
Ha escrito varios libros de ensayos sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y sobre el sentido de la actividad literaria -El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979)-, y tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), y Abbadón el exterminador (1974).
Dice Sábato: "Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años. Desee 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos" de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-metemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas: Domínguez, Matta, Wifredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con Domínguez, a la tarde, al Marché aux Puces y volvimos después en el Metro hasta Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de una existencia muy compleja." (Ernesto Sábato, 24 de enero de 1995)
"El Túnel" es una novela de estructura psicológica escrita por el argentino Ernesto Sabato. Presenta en el personaje de María Iribarne la comprensión de la totalidad y el absoluto a la vez que las zonas ocultas de misterio que impulsarán a Juan Pablo Castel a asesinarla. El pintor, al dar forma a su obsesión interna, debe renunciar a cualquier otra opción, en un proceso a la vez constructivo y destructivo que centrará el análisis de las motivaciones del crimen. Obra esencial de Ernesto Sabato, El túnel nos entrega los elementos básicos de su visión metafísica del existencialismo. Es una obra en la que abunda el pesimismo en cada diálogo o pensamiento de los personajes.
"El túnel", como llamó Sabato a su libro, es lo oscuro del alma, lo que el hombre pretende conocer como la verdad.
Tras su publicación en 1948, Sabato logró el reconocimiento internacional al recibir elogios de personalidades del mundo como Thomas Mann y Albert Camus.
"El túnel", una historia sobre la incomunicación y sobre la conversión del amor en odio, es una novela fácil de leer, que se puede considerar policíaca, aunque no de misterio; desde el principio sabemos quién es la víctima y quién el verdugo. Pese a la amargura y el pesimismo que recorre toda la trágica historia, Sabato deja también espacio para la ironía.
miércoles, 2 de febrero de 2011
ALGUIEN
No he sido yo. Sé que no he sido yo. Despertándome ya sentí un hedor que me advertía, era ese olor confuso y disperso de cuando entras en una carnicería. Aún estando todo oscuro me atenazó la certeza de que había pasado algo, algo de verdad, algo gordo. Me levanté a ciegas. Las chanclas no estaban en su sitio, justo donde poso los pies cuando me incorporo. Lo que otro día me hubiera provocado nerviosismo en ese momento me pareció insignificante. No reparé en ello y me dirigí descalzo y a tientas hacia la cocina. Era mi casa, sabía donde estaba todo, la distancia que hay entre el dormitorio y el comedor, y que la puerta de la cocina queda justo a mitad del recorrido, a la derecha. Aún así iba rozando con el dorso de mis dedos y con las uñas la pared, hasta que dieron con el marco. Allí el olor era contundente, nada que pudiera ser fruto de un delirio. Con la mano izquierda abrí la puerta y, ya dispuesto en medio del silencio oscuro a descubrir lo que fuera, mi mano derecha estaba sobre el interruptor.
¡Que tonto! Yo no había hecho nada, me acababa de levantar, Charo estaba en la cama, en su sueño bello y femenino, los niños durmiendo en la inocencia de sus cuartos. ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba allí, en el quicio de la puerta, espectante en la oscuridad?
En el primer parpadeo del fluorescente ya descubrí formas abultadas sobre la encimera y un goteo gelatinoso que se despegaba de los bordes del mantel. Ya todo iluminado la visión era sobrecogedora. Los colores, las formas, la peste, se conjuntaban en una sinfonía hedionda de bultos intocables. El verde, el gris, el marrón, formaban un lienzo barroco de formas mezcladas, incorporadas unas en otras en una espiral sin fín y amorfa. Alguien había estado mucho tiempo allí y nadie se había dado cuenta. Alguien había estado allí mucho tiempo y no había salido nunca.
Desorientado en medio de semejante, tuve la misma necesidad de todos los días; tomar café, tomar café caliente. Dispuse la cafetera en el fuego, me senté, con el brazo hice el gesto de retirar la montonera, respiré hondo, la visión se me apoderaba, respiré hondo. Ya me preparé el café y otra vez sentado me lo tomaba despacio, cuando oí los pasos de los dos chicos dirigiéndose hacia la cocina. -"¡Anda, vaya cara tienes!, ¿podemos desayunar viendo la tele?" - "Vale." - Cuando acabé de decir "vale" supe que yo no había hecho nada, porque mis hijos sabían que yo no había hecho nada.
Ramón Montejano Herrenos
jueves, 27 de enero de 2011
Sabor a Chocolate
Leemos esta quincena "Sabor a Chocolate" de José Carlos Carmona . Adjunto entrevista del autor
“Entiendo la postmodernidad como una desorientación más profunda debida a la aceptación colectiva de que la razón no es un mecanismo infalible para comprender el mundo y la realidad, lo que nos lleva a no tener certeza sobre la verdad.” Entrevistamos a José Carlos Carmona, autor de Sabor a Chocolate.
Dice de Sabor a Chocolate que está basado en hechos reales, ¿cómo surge la idea?
Realmente es un juego literario: ¿por qué cambia la percepción de una obra que por todas partes grita que es una novela cuando de pronto se puede leer entre sus palabras inventadas “Basada en hechos reales”? Me interesa esa percepción entre literaria y psicológica de lo que sea una novela para los lectores. Queremos jugar con las emociones y con la racionalidad e inventamos palabras “Eleanor Trap bajó de un avión…” y también “Basada en hechos reales”. Yo podría no llamarme José Carlos Carmona y no tener el currículum que ahí aparece escrito. O sí pero soy mil cosas más, y por lo tanto inaprensible. No obstante, todos los lectores han percibido los hechos reales en los hechos históricos que, sí, me sirvieron de hilo conductor. Pero “Sabor a chocolate” no es la verdadera historia del joven Giuliani (pero podría haberlo sido y eso es lo importante).
Dos guerras mundiales son el telón de fondo que escoge para retratar la vida de unos personajes en su anhelo por ser felices. No es una novela sobre la guerra, sino sobre personas que intentan ser felices en dicho escenario. ¿Cree que es el mejor escenario para hablar de cuestiones que desde entonces nos acompañan como la escisión del sujeto contemporáneo?
“La escisión del sujeto contemporáneo”… Interesante. Debo aclarar que soy amigo de la Asunción de la perplejidad y de la pérdida. Creo que es la manera más sana de vivir: sabiendo que no sabemos nada (metafísicamente, al menos) y asumiéndolo. Y creo en la teoría del juego: “la vida es un juego. Y sólo eso”. Una vez dicho esto, cuando veo al sujeto actuando como escindido pienso que se inventa su papel para jugar a sentirse escindido pero la verdad es que todos estamos perdidos (incluso los que creen que tienen la verdad). Pero después del juego y de esta cierta nada que es nuestro todo, está el sufrimiento real de mucha gente y de ese pienso que sí hay un culpable que es nuestro sistema económico mundial (aunque también juegan: pero juegan con la vida de los demás y eso me parece peor). Pero si lo piensas en mi novela verás que mi posición de partida es exactamente la contraria: es la cobarde, la que quiere asirse a una realidad inmutable: por Suiza no pasó ninguna guerra y por lo tanto es cómoda para el escritor que ve cómo todo ocurre a su alrededor. Aunque en cualquier entorno es verdad que la gente intenta ser feliz pero para ello ¡hace una de tonterías…!
El ritmo de la novela es trepidante, con párrafos y capítulos cortos, ¿Por qué elige esta forma de escritura?
Primero porque me gustó en Seda y en El árbol de la ciencia de Baroja, y en Todas las mañanas del mundo, de Quignard; y en La tarde de un escritor, de Handkel. Y luego porque estoy convencido de que la gente no tiene tiempo para leer y pensé en darle un tratamiento ágil en la forma para facilitar su lectura en el metro, en una parada de autobús o en un descanso del guerrero (sea cual fuere la guerra). Aunque al final ha resultado al revés: casi todo el mundo se lo ha leído de un tirón.
¿Cree que es la mejor formula para acercarse a la postmodernidad?
Yo entiendo la postmodernidad como una desorientación más profunda debida a la aceptación colectiva de que la razón no es un mecanismo infalible para comprender el mundo y la realidad, lo que nos lleva a no tener certeza sobre la verdad. Quizás este sea un factor para tanta superficialidad. Pero creo que el mundo ahora no se define por esa postmodernidad sino por el capitalismo desbocado que hace que la gente tenga que trabajar mucho, en cosas que no le gustan y a una larga distancia de sus hogares. En ese entramado sí que creo que hay que escribir libros que faciliten la lectura por medio de capítulos cortos y narraciones breves pero lo más intensas posibles.
Se ha dicho de su novela que es un experimento literario, ¿Está de acuerdo con la definición?
Un experimento requeriría más valentía de la que yo he aportado en ese libro. Además, esto ya estaba hecho antes. Una “investigación” podría ser: busco, trabajo con formas, moldeo, copio, regurgito, siento, palpito, rujo. Un experimento (tristemente) no vendería tantos ejemplares. Pero sí puedo jurar ante todos los dioses del olimpo que todo el tiempo (y cuando digo todo el tiempo me refiero a todo el tiempo en el que escribo, todo el tiempo que doy clases de creación literaria, todo el tiempo que hablo con mis amigos escritores, ¡¡TODO EL TIEMPO!! Pienso en cuál es mi papel en la Historia de la Literatura una vez que ya sé, conozco, todo lo que se ha hecho antes de mí. Todo el tiempo me preocupo de qué debo hacer; ¿qué espera de mí la Historia?, ¿cuál debe ser el siguiente paso? Sé (¿ha quedado claro?: SÉ) que la cosa no va de seguir contando historias. Esto va de algo más que, imagino, tendrá que ver con la forma. Y pienso e investigo y leo y leo y leo. ¡Pero es tan difícil ser Picasso y avanzar! Pero creo que la cosa no va por los experimentos y sí va por la investigación. No queda otra opción (o no sé verla). Quien haya leído mis libros anteriores se percatará más que en “Sabor a chocolate” que busco formas sin parar (contando historias… no hay quien se escape).
¿Cuáles son sus influencias?
Siento que alguien me influye cuando adoro su forma de contar y me sumerjo en él y me impregno y después me pongo a escribir para ver qué se me ha pegado. Así he hecho con Carver, con Cheever, con Lorrie Moore, con Saul Bellow, con Philip Roth. Ellos son mis maestros. Y no es que me hayan influido es que yo he querido dejarme influir por ellos después de haberlos conocidos. Pero en “Sabor a chocolate” no hay influencias tal como las acabo de definir, hay modelos a imitar para ver qué sale. Y los modelos han sido Baricco, Baroja, Quignard, Handkel.
Adrián Troadec es un sujeto ilustrado, capaz de idear planes que la vida se encarga de modificar ¿Qué nos intenta decir con él y con los demás personajes?
Tengo una lucha personal con el destino: él me quiere llevar por donde le parece y yo intento llevarlo a mi camino. El cabrón es duro. Y me da coraje. Una vez conseguí un gran logro y me escribí para mí mismo (¡y para él!) una genealogía de cómo había llegado hasta ahí por mi propio camino poniendo yo los peldaños que luego debía subir; y lo escribí para cerciorarme de que yo mandaba. Me gustó hacerlo. Le di por culo al destino y por escrito. Dos o tres semanas después perdí aquello y volví a una senda donde el azar (su celestino) había intervenido. Hoy soy feliz: soy profesor de Universidad y tal…, pero no era esto exactamente lo que yo quería. El cabrón del destino me ha tentado (ha sabido hacerlo el muy ladino) y he picado. No estoy aquí sólo por seguir mi plan sino porque alguna “oportunidad” me desvió. Creo que hay algo de esto en la novela.
domingo, 16 de enero de 2011
ALEJANDRA PIZARNIK
![]() |
| Carencia Ilustración de Raquel Martín |
La carencia
Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Amantes
una flor
no lejos de la noche mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.Caminos del espejo
I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.
III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.
V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.
VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.
VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.
IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.
XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.
XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.
XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.
XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.
XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
Cenizas
La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.
¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te...
La noche sufre.
Cold in hand blues
y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo
Caroline de Gundorode
en nastalgique je vagabandais
par l'infini. C.deG.
a Enrique Molina
La mano de la enamorada del vientoacaricia la cara del ausente.
La alucinada con su «maleta de piel de pájaro»
huye de sí misma con un cuchillo en la memoria.
La que fue devorada por el espejo
entra en un cofre de cenizasy apacigua a las bestias del olvido.
como los niños de la medianoche.
El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra
En un ejemplar de "Les chants de Maldoror"
Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres como los niños de la medianoche.
El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra
tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados;
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me
sobrevuela como una dinastía de soles.De "El infierno musical" 1971
lunes, 10 de enero de 2011
La Perla
Leemos esta quincena La perla de Steinbeck, adjunto pequeña biografía y resumen de la obra
John Ernst Steinbeck, Jr. (nacido el 27 de feberero de 1902 – fallecido el 20 de diciembre de 1968) fue un escritor estadounidense que desempeñó dicho papel a mediados del siglo XX y cuyas obras describen a menudo al estado de California.
Biografía
John Steinbeck nació en Salinas, California, siendo hijo de John, tesorero, y de Olivia Steinbeck, profesora y hermano de tres mujeres. Estudió en Salinas y luego en la Universidad de Stanford.[1] Desempeñó distintos trabajos, después abandonó sus estudios y se marchó a Nueva York en 1925. Trabajó por un período breve en el New York American, pero regresó a Salinas en 1926.
En 1929 escribió su primera novela, La Copa de Oro (Cup of gold: A life of Sir Henry Morgan, Buccaneer, with Ocasional Reference to History), una historia de ficción histórica basada en la vida de Henry Morgan, que no tuvo éxito. En 1930 se casó con Carol Henning y se trasladó a Pacific Grove donde conoció a Edward Ricketts, un marino biólogo, con quien tuvo una gran amistad.
En 1932 publicó The Pastures of Heaven, un conjunto de historias situadas en la ciudad de Monterrey. En 1933, publicó The Red Pony y To a God Unknown. Su madre murió en 1934 y su padre en 1935. En ese mismo año escribió Tortilla Flat, con el cual recibió su primer premio literario – La Medalla de Oro para la mejor novela escrita por un californiano concedido por el Commonwealth Club of California.[2] Este compendio de historias humorísticas obtuvo cierto éxito. Consiguió amistad con su editor, Pascal Covici.
Con Of Mice and Men e In Dubious Battle, ambos publicados en 1936, sus obras adquirieron mayor seriedad. Fue galardonado con el New York Drama Critics Award. Después de The Long Valley en 1937 y Their Blood is Strong – reportajes sobre los trabajadores inmigrantes en 1938, en 1939 publicó The Grapes of Wrath, la cual es considerada su mejor obra. El libro tuvo éxito, pero los críticos le reprocharon por no usar un lenguaje desarrollado. El libro llegó a ser prohibido en varias ciudades de California. En 1940, cuando fue adaptado al cine, recibió el premio Pulitzer. En 1952 publicó East of Eden (Este del Edén) que sería llevada al cine por Elia Kazan, en una película que protagonizaría el malogrado James Dean. Tal vez por la repercusión que estas dos novelas alcanzaron tras ser llevadas a la gran pantalla, se consideran sus obras cumbre, siendo sin duda The Grapes of Wrath su obra culmen. Recibió el premio Nobel de literatura en 1962.[1] Murió el 20 de diciembre de 1968 en Nueva York.[3]
A lo largo de su vida, John Steinbeck usó el símbolo Pigasus (de pig, cerdo en inglés y Pegasus), un cerdo volador, “atado a la tierra pero aspirando a volar”.
La Perla
La vida del escritor norteamericano John Steinbeck podría ser argumento, en sí misma, de una novela. Desde joven mostró una rebeldía y una oposición al modo de vida tradicional. Por complacer a sus padres, aceptó entrar en la Universidad de Stanford. Sin embargo, un tiempo más tarde, escogió recolectar fruta, trabajar en las plantaciones de azúcar o simplemente vagabundear por el país. Dejó la universidad en 1925 sin haber conseguido ningún diploma. Se mudó a Nueva York, donde trabajó como obrero de la construcción a la vez que escribía pequeños artículos en periódicos. En 1935 publicó su primera novela de gran éxito: Tortilla Flat. Tras ésta vinieron muchos otros libros que le reportarían el éxito.
En La perla, así como en otros de sus libros, Steinbeck parece mostrar ideas cercanas al socialismo. La opresión social en la que viven los pobres, el mal de la codicia y la ambición, el racismo visto como algo negativo y la importancia de desprenderse de los bienes materiales para no dejar que éstos nos opriman, son todas ideas presentes, de una u otra manera, en esta nouvelle (novela breve).
La perla es la historia de Kino, un pescador de perlas mexicano que tiene una familia compuesta por su esposa, Juana, y su pequeño hijo, Coyotito, a quienes ama por sobre todas las cosas. Kino sufre por vivir sumido en la pobreza, y cree que todo va a cambiar el día en el que le toca encontrar una perla, grande y perfecta, mucho más valiosa de lo que nunca haya pescado. Pero Juana, conectada con una visión del mundo que poco tiene que ver con los valores occidentales, le suplica que se desprenda de ella, que la perla traerá la desgracia a la familia.
Mientras tanto, el pequeño Coyotito ha sido picado por un insecto venenoso y el médico se rehúsa a atenderlo a menos que se le pague. Kino procura vender la valiosa perla para así obtener dinero y salvar a su hijo. Pero la estructura social en la cual él está inserto no le permitirá hacerlo: los compradores se niegan a pagar lo que él pide, le ofrecen poco, procuran engañarlo. Eventualmente, Kino descubrirá que su esposa tenía razón, que sólo desgracias llegarán de la mano de la perla. Pero será demasiado tarde
John Ernst Steinbeck, Jr. (nacido el 27 de feberero de 1902 – fallecido el 20 de diciembre de 1968) fue un escritor estadounidense que desempeñó dicho papel a mediados del siglo XX y cuyas obras describen a menudo al estado de California.
Biografía
John Steinbeck nació en Salinas, California, siendo hijo de John, tesorero, y de Olivia Steinbeck, profesora y hermano de tres mujeres. Estudió en Salinas y luego en la Universidad de Stanford.[1] Desempeñó distintos trabajos, después abandonó sus estudios y se marchó a Nueva York en 1925. Trabajó por un período breve en el New York American, pero regresó a Salinas en 1926.
En 1929 escribió su primera novela, La Copa de Oro (Cup of gold: A life of Sir Henry Morgan, Buccaneer, with Ocasional Reference to History), una historia de ficción histórica basada en la vida de Henry Morgan, que no tuvo éxito. En 1930 se casó con Carol Henning y se trasladó a Pacific Grove donde conoció a Edward Ricketts, un marino biólogo, con quien tuvo una gran amistad.
En 1932 publicó The Pastures of Heaven, un conjunto de historias situadas en la ciudad de Monterrey. En 1933, publicó The Red Pony y To a God Unknown. Su madre murió en 1934 y su padre en 1935. En ese mismo año escribió Tortilla Flat, con el cual recibió su primer premio literario – La Medalla de Oro para la mejor novela escrita por un californiano concedido por el Commonwealth Club of California.[2] Este compendio de historias humorísticas obtuvo cierto éxito. Consiguió amistad con su editor, Pascal Covici.
Con Of Mice and Men e In Dubious Battle, ambos publicados en 1936, sus obras adquirieron mayor seriedad. Fue galardonado con el New York Drama Critics Award. Después de The Long Valley en 1937 y Their Blood is Strong – reportajes sobre los trabajadores inmigrantes en 1938, en 1939 publicó The Grapes of Wrath, la cual es considerada su mejor obra. El libro tuvo éxito, pero los críticos le reprocharon por no usar un lenguaje desarrollado. El libro llegó a ser prohibido en varias ciudades de California. En 1940, cuando fue adaptado al cine, recibió el premio Pulitzer. En 1952 publicó East of Eden (Este del Edén) que sería llevada al cine por Elia Kazan, en una película que protagonizaría el malogrado James Dean. Tal vez por la repercusión que estas dos novelas alcanzaron tras ser llevadas a la gran pantalla, se consideran sus obras cumbre, siendo sin duda The Grapes of Wrath su obra culmen. Recibió el premio Nobel de literatura en 1962.[1] Murió el 20 de diciembre de 1968 en Nueva York.[3]
A lo largo de su vida, John Steinbeck usó el símbolo Pigasus (de pig, cerdo en inglés y Pegasus), un cerdo volador, “atado a la tierra pero aspirando a volar”.
La Perla
La vida del escritor norteamericano John Steinbeck podría ser argumento, en sí misma, de una novela. Desde joven mostró una rebeldía y una oposición al modo de vida tradicional. Por complacer a sus padres, aceptó entrar en la Universidad de Stanford. Sin embargo, un tiempo más tarde, escogió recolectar fruta, trabajar en las plantaciones de azúcar o simplemente vagabundear por el país. Dejó la universidad en 1925 sin haber conseguido ningún diploma. Se mudó a Nueva York, donde trabajó como obrero de la construcción a la vez que escribía pequeños artículos en periódicos. En 1935 publicó su primera novela de gran éxito: Tortilla Flat. Tras ésta vinieron muchos otros libros que le reportarían el éxito.
En La perla, así como en otros de sus libros, Steinbeck parece mostrar ideas cercanas al socialismo. La opresión social en la que viven los pobres, el mal de la codicia y la ambición, el racismo visto como algo negativo y la importancia de desprenderse de los bienes materiales para no dejar que éstos nos opriman, son todas ideas presentes, de una u otra manera, en esta nouvelle (novela breve).
La perla es la historia de Kino, un pescador de perlas mexicano que tiene una familia compuesta por su esposa, Juana, y su pequeño hijo, Coyotito, a quienes ama por sobre todas las cosas. Kino sufre por vivir sumido en la pobreza, y cree que todo va a cambiar el día en el que le toca encontrar una perla, grande y perfecta, mucho más valiosa de lo que nunca haya pescado. Pero Juana, conectada con una visión del mundo que poco tiene que ver con los valores occidentales, le suplica que se desprenda de ella, que la perla traerá la desgracia a la familia.
Mientras tanto, el pequeño Coyotito ha sido picado por un insecto venenoso y el médico se rehúsa a atenderlo a menos que se le pague. Kino procura vender la valiosa perla para así obtener dinero y salvar a su hijo. Pero la estructura social en la cual él está inserto no le permitirá hacerlo: los compradores se niegan a pagar lo que él pide, le ofrecen poco, procuran engañarlo. Eventualmente, Kino descubrirá que su esposa tenía razón, que sólo desgracias llegarán de la mano de la perla. Pero será demasiado tarde
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