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martes, 2 de febrero de 2010

Ángel García Galiano


Ángel García Galiano nació en Madrid en 1961. Escritor y Doctor en Filología Hispánica, en la actualidad ejerce la docencia en la Universidad Complutense de Madrid como profesor de Teoría de la Literatura; ha sido profesor en las universidades de Padua (Italia), Deusto (Bilbao) y Darmouth (USA). Dirigida por su maestro Lázaro Carreter, realizó en Italia una tesis doctoral sobre las polémicas sobre Cicerón en el Renacimiento; fruto de aquel trabajo es el ensayo: La imitación poética en el Renacimiento, de 1992. Es autor, así mismo, del libro El fin de la sospecha (2004), un panorama crítico sobre la actual narrativa española. Crítico literario, es autor de una treintena de ensayos sobre literatura contemporánea y renacentista. Destacan sus trabajos sobre neoplatonismo y mística en los Siglos de Oro. Como escritor ha publicado las novelas El mapa de las aguas (1998), Hilo de plata (2002) y La casa sin palabras (2008).


Biografía de un escritor que va a venir próximamente a Calatayud. Algunas están leyendo El mapa de las aguas. Igual podíamos leerlo y comentarlo en próximas reuniones.

lunes, 1 de febrero de 2010

Borges y Kafka

Añado parte de un ensayo de Jorge Luís Borges sobre Kafka.

Jorge Luis Borges Habla del Mundo de KAFKA
La Metamorfosis: Franz Kafka. Año 1991. Páginas: 130. Editorial Orión, Argentina.En una edición de La Metamorfosis de editorial ORION, Borges nos cuenta los temas de la obra de Kafka y su modus operandi. Trancribimos aquí la primera parte de ese magnífico ensayo.

Habla un discípulo de Kafka, un tardío discípulo de Kafka, pero que sigue sintiéndolo y agradeciendo lo mucho que él le ha dado y lo poco que él ha podido hacer con ese espléndido regalo de su obra.Quiero examinar aquí dos temas de Kafka, el "laberinto" y la "empresa imposible", pero antes quiero decir unas palabras sobre el modus operandi de Kafka, sobre lo que los escolásticos llamaron el "regregresus in infinitum" y que es un proceso intelectual bastante común tratándose de etiología o metafísica, pero raro tratándose de literatura y podríamos decir que fuera de algunos precursores, que de algún modo fueron inventados por él, fue inaugurado por Kafka. Y quiero recordar a mi amigo Carlos Mastronardi, el gran poeta de Entre Ríos, ¿por qué de Entre Ríos? El gran poeta de la patria y del mundo. Yo recuerdo que él había iniciado la lectura de El proceso y me dijo lacónicamente: "Franz Kafka, Zenón de Elea". Y ahora se preguntarán ustedes qué es el "regresus in infinitum", para mí una de las grandes innovaciones de Kafka: es un proceso lógico, conocido por los escolásticos. Comenzaré por uno de los ejemplos más amenos de este método y tema de Kafka. El "regresus in infinitum" puede ilustrarse, creo que del modo más vívido posible, mediante las paradojas de Zenón de Elea, que dijo que si creíamos en la realidad del tiempo como hecho de instantes y la del espacio como hecho de puntos, el transcurso del tiempo y el movimiento son imposibles, e ilustra esto mediante varias paradojas que fueron refutadas por Aristóteles y comentadas por toda la filosofía después, pero recordaré dos simplemente, ya que en ellas se ve claramente cuál es el modo de Kafka y me permite recordar a mi padre. Mi padre —yo tendría 9 o 10 años entonces—, en una casa por las orillas de Palermo una noche después de comer me mostró el tablero de ajedrez y me dijo, señalándome las casillas: Vamos a poner a una persona que está en esta casilla -y me señaló la casilla de la torre, la de la izquierda y quiere ir a la casilla de la derecha. Pues bien, tendría que pasar antes por la casilla de la reina. Yo dije, naturalmente, que sí. Y él me dijo: Pero antes tendrá que pasar por la casilla del caballo. Yo afirmé nuevamente. Y él me dijo: Bueno, aquí tenemos 8 casillas, ya que se trata de 64 casillas, que forman el tablero. Supongamos un tablero más largo, con un número indefinido de casillas. Para llegar de la primera a la última habrá que pasar por todas las casillas intermedias. Dije que sí y él me dijo: Muy bien, pero entonces, antes de llegar a la meta habrá que pasar por la casilla del medio, antes por la del medio del medio, antes por la del medio del medio del medio y así sucesivamente, es decir, que no se llegará nunca de una casilla a otra. Y no mencionó el nombre de Zenón de Elea, no me dijo que estaba exponiendo la ilustre paradoja de la filosofía griega, porque mi padre era profesor de psicología y sabía que son más importantes los hechos que las fechas y los nombres de quienes los inventaron. De modo que me dejó con esa perplejidad y luego de unas noches me preguntó si había oído la historia de la carrera de Aquiles y la tortuga. Dije que no, y me divirtió la idea de una carrera entre Aquiles, el de los pies ligeros, símbolo de rapidez y la tortuga, la morosa tortuga, símbolo de lentitud, y dije que me gustaría oír eso. Bueno, dijo, una vez corrieron una carrera Aquiles y la tortuga. Aquiles le dio a la tortuga 100 metros de ventaja, lo cual es justo, dado lo moroso de la tortuga y lo lento de sus hábitos. Muy bien, Aquiles recorre los 100 metros mientras la tortuga recorre 1 metro. Me preguntó si la cuenta estaba bien sacada, él sabía que lo estaba y le dije que sí. Muy bien, me dijo, recorre ese metro en tanto que la tortuga recorre 1 centímetro. Yo dije que sí, si Aquiles corre cien veces más ligero que la tortuga. Desde luego, me dijo, Aquiles recorre entonces ese centímetro, y la tortuga mientras tanto ha recorrido un milímetro. Y así siguen, de modo que Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga. Pues bien, esto ha sido discutido después por Poincaré, por Bergson, por Bertrand Russell, por Stuart Mill, antes por Aristóteles, antes quizás por todos los filósofos y es realmente un argumento serio contra el hecho de que si el tiempo se compone de instantes y el espacio está hecho de puntos, una cantidad cualquiera no puede agotarse. Ese argumento lo aplicó William James. En sus Elementos de Psicología James dice: Vamos a suponer un cuarto de hora. Pero antes de que un cuarto de hora pase, tienen que pasar siete minutos y medio, pero antes tienen que pasar tres minutos y una fracción, y antes de que pase la fracción tiene que pasar otra, pero como el número de fracciones es infinito resulta que se saca como consecuencia que no puede pasar nunca un cuarto de hora. Pero curiosamente, cuando Zenón de Elea formulaba esas paradojas en Grecia cinco siglos antes de la era cristiana, un pensador chino, Lie Tsu la formulaba en China bajo la forma de una leyenda, una forma que hubiera complacido más a Kafka. Lie Tsu habla del cetro de los reyes de Liang y supone que ese cetro es heredado por cada sucesor de la dinastía. Cada uno tiene que cortar la mitad del cetro, que no es excesivamente largo, pero como nunca se llegará a la mitad de la mitad de la mitad de algo la dinastía es infinita, es decir, exactamente el mismo procedimiento de Aquiles y la tortuga y de aquella otra del tablero, que muestra la imposibilidad de que un móvil llegue a la meta. Ahora bien, ese procedimiento que se llama "regresus in infinitum" fue aplicado para refutar pensamientos, muchas veces lógicamente, pero Kafka fue el primero, o uno de los primeros, que lo aplicó a la literatura.

¿ Un Kafka vitalista y alegre?



¿Un Kafka vitalista y alegre?

LA VERDAD Sábado, 20 de Junio de 2009 03:00

EL PERSONAJE
Estará próximamente en las librerías españolas 'Cuando Kafka vino hacia mi', un libro que recoge 45 relatos testimoniales de gentes que conocieron personalmente a Franz Kafka: compañeros de su trabajo en la compañía de seguros, o en el instituto, alguna novia desconocida, vecinos suyos, parientes, amigos, uno de ellos anarquista con el que colaboró... y que pretende ofrecer otra imagen del autor de 'El Proceso', muy opuesta a la de sus personajes, nada sombría ni siniestra. De su hermana es la revelación de que «de vez en cuando se escapaba para irse a vivir con alguna mujer». Otro lo reconoce como aquel que se fue una noche de juerga con él. El anarquista dice que se lo llevó a conferencias sobre el amor libre o contra la guerra y que era uno de los más convencidos simpatizantes de las teorías de Bakunin. Una mujer exclama «¡Qué hombre más guapo, alto y con aquellos ojos grises!». En fin, el judío checo, muy elegante, amante de la natación y de los sombreros hongos negros cual personaje magrittiano, propinó una buena paliza a alguien una vez, mientras al trabajo llegaba siempre quince minutos tarde. Otro Kafka. Acaso, el verdadero.

Leer a Kafka me da la oportunidad de haceros llegar obras, textos de otros autores a los que llegué a través de él ¿o fué al contrario?
Este artículo esta basado en cierto incidente da pie para revelar un perfíl mucho más luminoso, alegre y cálido que lo transmite su obra.
César Aira. La muñeca viajera*
El año pasado, después de superar los detectores de metales en un aeropuerto, oí unos gritos desgarradores que hicieron volver la cabeza a todo el mundo. Era una niñita, de tres o cuatro años, llorando con desesperación. La madre la había alzado y trataba de calmarla, en vano. Los gritos subían de volumen, cargados de una angustia que la niña, evidentemente, se empeñaba en hacer pública. Abrazaba una muñeca, gesto del que deduje lo que debía de haber pasado: los policías de seguridad le habían revisado la muñeca. Lo confirmé cuando pasaron a mi lado y oí a la madre diciéndole: "Te juro que no le hicieron nada, te lo juro...". Alguien me dijo después, cuando le conté la historia, que muñecas y juguetes son especialmente temidos en esas circunstancias, porque los secuestradores de aviones los han usado más de una vez para introducir armas. Quién sabe qué había pasado por la cabeza de esa niña al ver su muñeca en manos de los policías; quizás la habían atravesado con agujas o la habían palpado de un modo amenazante; quizás vivió una especie de violación vicaria; después de todo, las niñas depositan muchos sentimientos en sus muñecas.Sea como sea, la muñeca había pasado el examen, aun a costa de las lágrimas de su dueña, y ya estaba "en tránsito". La situación me recordó una historia poco conocida en la vida de Kafka.En 1923, viviendo en Berlín, Kafka solía ir a un parque, el Steglitz, que todavía existe. Un día encontró a una niñita llorando, porque había perdido su muñeca. Kafka inventó al instante una historia: la muñeca no estaba perdida, sólo se había ido de viaje, para conocer mundo. Y le había escrito a su dueña una carta, que él tenía en su casa y le traería al día siguiente. Y así fue: esa noche se dedicó a escribir la carta, con toda seriedad. (Dora Diamant, que cuenta la historia, dice: "Entró en el mismo estado de tensión nerviosa que lo poseía cada vez que se sentaba a su escritorio, así fuera para escribir una carta o una postal"). Al día siguiente la niña lo esperaba en el parque, y la "correspondencia" prosiguió a razón de una carta por día, durante tres semanas. La muñeca nunca se olvidaba de enviarle su amor a la niña, a la que recordaba y extrañaba, pero sus aventuras en el extranjero la retenían lejos, y con la aceleración propia del mundo de la fantasía, estas aventuras derivaron en noviazgo, compromiso, y al fin matrimonio e hijos, con lo que el regreso se aplazaba indefinidamente. Para entonces la niña, lectora fascinada de esta novela epistolar, se había reconciliado con la pérdida, a la que terminó viendo como una ganancia.Privilegiada niñita berlinesa, única lectora del libro más hermoso de Kafka. Me han contado, y quiero creer que es cierto, que el gran estudioso de Kafka, Klaus Wagenbach, buscó durante años a esa niña, interrogó a vecinos del parque, revisó el catastro de la zona, puso avisos en los diarios, todo en vano. Y hasta el día de hoy visita periódicamente el parque Steglitz, examina a las señoras mayores que llevan a jugar a sus nietos... La niña ya debe de ir para los noventa años, y es difícil que la encuentre. Pero el esfuerzo vale la pena. Esas cartas de la muñeca lo tienen todo para hacer soñar no sólo a un editor como Klaus Wagenbach.El llanto de mi niña del aeropuerto enlazaba con el de la niña del parque Steglitz, a ochenta años de distancia. Uno tiende a sonreír frente al llanto de los niños, porque sus dramas nos parecen menores y fáciles de solucionar. Para ellos no lo son. Y hacer el esfuerzo de entrar en las relatividades de su mundo se equivale con el trabajo de entrar al mundo de un artista, donde todo es signo.El contrato de una niña con su muñeca es un contrato semiótico, una creación de sentido, sostenida en la tensión del verosímil y la fantasía. De ahí que la anécdota no sea casual: Kafka fue el más grande descubridor de signos en la vida moderna. Reiner Stach señala con mucha pertinencia, en su biografía de Kafka, que para el escritor no se trata sólo de saber observar, sino que es preciso descubrir los signos ocultos en lo que se observa. La elogiada precisión quirúrgica de la mirada de Kafka se hacía escritura en la transmutación de lo visible en signo.La desaparición del libro de las cartas de la muñeca, por mucho que la lamentemos, deberíamos verla como un signo positivo. Es el elemento que, por su ausencia, da sentido al resto de la obra, que es una saga de desapariciones cuya presencia en forma de relatos, de escritura, tiene por función cerrar la herida de la pérdida.Por poco que lo pensemos, esta función fue la que dio origen a los cuentos que se le contaban a los niños, para enseñarles a temer el mundo, y al mismo tiempo para que aprendieran que el mundo había existido antes que ellos, y seguiría existiendo sin ellos. Fue esta función terapéutico didáctica la que realizó la obra de Kafka, y por eso con él se cerró el ciclo histórico de la literatura infantil. Sus cuentos de hadas hicieron anacrónicos todos los demás, y el siglo XX, por causa de él, no tuvo sus Perrault ni sus Andersen (ni su Dickens). Pero lo tuvo a Kafka, y es suficiente.*Babelia 8 de mayo de 2004
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Ese artículo fue el que impulso a Jordi Sierra i Fabra a escribir una novela juvenil que publicó Siruela el año pasado y que a mí, particularmente, me parece deliciosa.Kafka y la muñeca viajera es un libro que trasciende estos detalles particulares para hacer una reflexión sobre algunos temas universales: la pérdida de la inocencia, el paso de la niñez a la adolescencia y la maravillosa capacidad que tiene la literatura para transformar la realidad.Jordi Sierra se permite inventar esas cartas, terminar la historia en un empeño difícil, pero hermoso. El resultado, en cualquier caso, es entrañable, porque el autor catalán se ha empapado del sentimiento de Kafka, que nunca tuvo hijos, por aquella niña y ha sabido transmitir la pureza de ese acto profundo y genial.El lenguaje es sencillo, directo, pero la muñeca de Kafka es muy imaginativa en la descripción de su largo viaje y las sugerencias que provoca en el lector son muchas.Jordi Sierra se muestra, como es reconocido por todos, como un autor con un gran oficio y dentro de su prolífica e irregular obra, este relato está, sin duda, entre los mejores.
Las ilustraciones que acompañan al texto son especialmente adecuadas, en la línea de trabajo de Pep Montserrat. La edición de Siruela, dentro de su sobresaliente colección Las tres edades, es impecable. Un libro destinado, en fin, a perdurar.NOTA DE LA EDITORA: Dos días después de recibir este artículo en la redacción de Proscritos, Jordi Sierra i Fabra, recibió el Premio Nacional de Literatura Juvenil por este librowww.proscritos.com/larevista/notas.asp?num=48&d=t&s=t2&ss=1

sábado, 30 de enero de 2010

Muere J D Salinger


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/J/D/Salinger/autor/guardian/centeno/elpepucul/20100128elpepucul_5/Tes

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/escorpion/2010/01/28/salinger-exagerando-un-poco.html

El pasado 28 de Enero nos ha sorprendido con la muerte de J. D. Salinger autor del El Guardián entre el Centeno, libro que ya leímos el año pasado.

A mi me gusta bastante J. D. Salinger, tengo una extraña relación con su literatura, aunque prefiera sus cuentos, especialmente uno que me gusta mucho "Un día perfecto para el pez banana". Cuento enlazado en el título para que si quieren disfruten de su lectura.

Ahora imagino que se publicará su obra póstuma. Esperaremos ante un escritor tan extraño que recibía a escopetazos a los periodistas. El éxito a veces, abruma.

viernes, 29 de enero de 2010

Robert Walser

Robert Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de 1878 - † cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) fue un escritor suizo.
Autor de una no demasiado extensa obra con tintes autobiográficos y caracterizada por un estilo que le es propio e inconfundible. Además de multitud de relatos cortos y poesía, sus principales obras son "Los hermanos Tanner", "Jakob von Gunten, "El ayudante", "El bandido", "La rosa" y "El paseo". De manera póstuma han aparecido publicados "Microgramas", una serie de notas que el autor escribía en papeles sueltos sin ánimo de publicarlos. Su vida personal fue atribulada y falleció el 25 de diciembre de 1956 mientras paseaba entre la nieve cerca del manicomio de Herisau (Suiza), donde estaba ingresado voluntariamente.


Leeremos dos relatos suyos Viaje en globo y Extraña ciudad
http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/Rob_Walser.htm

http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/Robert_Walser.htm

La Metamorfosis de Kafka


Esta quincena leeremos el relato corto de la metamofosis de Kafka y un par de relatos de Walser.




BIOGRAFÍA
Kafka nace el 3 de julio de 1883 en un viejo edificio
situado en el límite del ghetto judío de Praga, a dos pasos de
la iglesia rusa ortodoxa de San Nicolás. Es hijo de Hermann
Kafka (1852-1931) y Julie Löwy (1855-1934). Hermann
(originario de una aldea de la Bohemia checa meridional, e
instalado en Praga en 1881, en el gueto judío de Josefstadt)
regentaba desde 1882 un negocio de pasamanería o mercería
en la Zeltnergasse 12, que transformaría más tarde en unos
grandes almacenes que le dieron reputación de ciudadano
respetable. Se le da el nombre de Franz en honor al emperador Francisco
José I. Era checo, aunque su idioma materno fue el alemán. Julie Löwy
había nacido en el seno de una familia germano-israelita, cultivada y rica,
fabricante de cerveza. Kafka aprendió el idioma checo, ya que su padre
procedía de Osek cerca de Písek, donde era un miembro de la comunidad
judía checohablante ("Kafka" significa "grajo" en checo: ave que serviría de
emblema para el negocio familiar) y quería que su hijo hablara con fluidez
ambos idiomas. Sin embargo, la familia adoptó la cultura y la lengua
alemana en la formación de sus hijos ya que de la relación con ellas
dependía en buena manera el progreso económico y el reconocimiento
social. Kafka también conocía el idioma y la cultura francesa. Algunos de
sus autores favoritos fueron: Flaubert, Dickens, Cervantes y Goethe.
De 1889 a 1893, Kafka asistió a la escuela primaria en la calle Masná. en
Praga y posteriormente al instituto en Staroměstske naměsti (situado en el
Palacio de los Kinsky), donde completó su examen de Bachillerato en 1901.
A continuación estudió Derecho en la Universidad Carlos Fernando de Praga,
y obtuvo el doctorado en leyes en 1906. De estudiante tuvo un papel activo
en la organización de actividades literarias y sociales; promocionó
representaciones para el teatro judeoalemán, a pesar de los recelos por
parte incluso de sus amigos más íntimos, como por ejemplo Max Brod,
quien habitualmente le apoyaba en todo lo demás. Contrariamente a su
temor de ser percibido de manera repulsiva tanto física como mentalmente,
impresionaba a los demás con su aspecto infantil, pulcro y austero, su
conducta tranquila y fría, y su gran inteligencia, además de su particular
sentido del humor.
Después de sus estudios, en 1907 ingresó como pasante, sin ser retribuido,
en una agencia italiana de seguros de accidentes laborales (Assicurazione
Generali); fue entonces cuando comenzó a escribir. Al año siguiente obtuvo
un contrato fijo en otra agencia de dicho ramo. El padre de Kafka se refirió
a este trabajo como "Brotberuf" —un empleo tan sólo para pagar las
facturas. En 1913 escribe su libro inicial Consideracion y en 1915 el famoso
relato La metamorfosis. En 1917 se le diagnosticó tuberculosis, lo que le
obligó a mantener frecuentes períodos de convalecencia, durante los cuales
recibió el apoyo de su familia, en especial de su hermana Ottilie, con quien
tenía mucho en común. En 1919 finaliza los catorce cuentos fantásticos (o
catorce lacónicas pesadillas) que componen Un medico rural.


Un tema de gran importancia en su obra es su relación con un padre
autoritario. En la intimidad, éste no dejó nunca de menospreciar a su hijo y
hasta el año 1922 lo tiranizó. De ese conflicto y de sus tenaces
meditaciones sobre las "misteriosas misericordias" y las ilimitadas
exigencias de la patria potestad, declaró el propio Kafka que procedía toda
su obra, incluyendo en particular su célebre Carta al padre, nunca publicada
en vida.
Su relación tormentosa con varias mujeres fue determinante. La más
familar con Felice Bauer dio origen a una correspondencia fundamental,
analizada por Canetti. A principios de 1920, mantuvo una relación amorosa
con la escritora, traductora y periodista checa Milena Jesenskà. En 1923 se
trasladó a Berlín, con la esperanza de distanciarse de su familia y centrarse
en su obra; se reunió con Dora Diamant, una joven de 25 años
descendiente de una familia judía ortodoxa, que había huido de su pueblo
natal, a la que había conocido en el verano del mismo año en una colonia
judía de vacaciones a orillas del Báltico. Dora se convirtió en su compañera
y tuvo mucho que ver en el interés de Kafka por el judaísmo.
En sus diarios y cartas se queja frecuentemente de insomnio y dolores de
cabeza. Fue partidario de la dieta vegetariana y del naturismo. Se dice que
consumía grandes cantidades de leche sin pasteurizar, lo que pudo ser el
factor desencadenante de su tuberculosis, en 1917. No hay coincidencia de
pareceres sobre los más que probables trastornos psicológicos de Kafka. En
sus cuadernos íntimos él habla de "demonios", "derrumbamiento",
"embates", "desamparo", "persecución", "soledad", "asalto a las últimas
fronteras terrenales", "agobiante observación de uno mismo" y muchas
otras expresiones más que aluden a un mundo oscuro, desconcertante y
desconocido. La interpretación médica que se haga de estos pasajes no
dejará de ser arriesgada y sobre todo simplificadora. Kafka fue un ser
atormentado y complejo, pero también, a su manera, gozó de la vida con
una intensidad fuera de lo común.
El estado de salud de Kafka empeoró sensiblemente en años
posteriores con el avance de la enfermedad. Regresó a Praga,
acudiendo posteriormente a un sanatorio cerca de Viena para
recibir tratamiento. Los problemas físicos le causaron molestias
en la garganta, lo que hacía que el tragar los alimentos le
resultara muy doloroso, de manera que en sus últimas semanas
se alimentó principalmente de líquidos. Murió en el sanatorio el
3 de junio de 1924. Su cuerpo fue llevado a Praga, donde fue
enterrado, el 11 de junio de 1924, en el Nuevo Cementerio Judío de PragaŽižkov.
Kafka sólo publicó algunas historias cortas durante toda su vida, una
pequeña parte de su trabajo, por lo que su obra pasó prácticamente
inadvertida hasta después de su muerte. Con anterioridad a su
fallecimiento, dio instrucciones a su amigo y albacea Max Brod de que
destruyera todos sus manuscritos; Brod hizo caso omiso de esas
instrucciones, y supervisó la publicación de la mayor parte de los escritos
que obraban en su poder.


La compañera final de Kafka, Dora Diamant, cumplió sus deseos pero
tan sólo en parte. Dora guardó en secreto la mayoría de sus últimos
escritos, incluyendo 20 cuadernos y 35 cartas, hasta que fueron confiscados
por la Gestapo, en 1933. Actualmente prosigue la búsqueda de los papeles
desaparecidos de Kafka a escala internacional.
Los escritos de Kafka pronto comenzaron a despertar el interés del público y
a obtener alabanzas por parte de la crítica, lo que posibilitó su pronta
divulgación, hasta el punto de que marcaría el proceso posterior de la
literatura del siglo XX. Todas sus páginas publicadas, excepto varias cartas
en checo dirigidas a Milena, se encuentran escritas en alemán.
En su obra, a menudo el protagonista se enfrenta a un mundo complejo,
que se basa en reglas desconocidas, las cuales nunca llega a comprender. El
adjetivo kafkiano se utiliza precisamente a menudo para describir
situaciones similares. Una curiosidad: En ocasiones usaba el pseudónimo de
Yerba amarga, supuestamente los días de mayor hastío o desazón. Harold
Bloom ha escrito en 1995: «Desde una perspectiva puramente literaria,
ésta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo
furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka
nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de
nosotros mismos».



http://www.juntadeandalucia.es/cultura/opencms/export/download/bibhuelva/La-metamorfosis-Franz-Kafka.pdf