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sábado, 5 de junio de 2010

Biografia de Jonathan Swift

Jonathan Swift
Escritor político y satírico anglo-irlandésNació el 30 de noviembre de 1667 en Dublín. Huérfano de padre, recibe educación gracias a la ayuda de sus tíos. Tras seguir estudios en la Universidad de Dublín (1681-1688), abandona Irlanda para reunirse con su madre establecida en el condado de Leincester. Trabaja como secretario de William Temple, importante hombre de estado de la época, miembro del parlamento y destacado diplomático, que será su protector durante diez años. En 1694, regresó a Irlanda, donde se ordenó sacerdote. Tras reconciliarse con Temple, del que se separó por incompatibilidad, volvió a su servicio en 1696. Supervisó la educación de la hija de la recién enviudada hermana de Temple, y permaneció con el caballero hasta su muerte, en 1699. Durante ese tiempo, tuvo frecuentes discusiones con su patrón, aunque dispuso de gran cantidad de tiempo para la lectura y la escritura.
Entre sus primeros escritos en prosa se encuentra La batalla entre los libros antiguos y modernos (1697), sobre las discusiones literarias del momento, que trataban de valorar si eran mejores las obras de la antigüedad o las modernas. Su Historia de una bañera (1704) es el más divertido y original de sus escritos satíricos.
En 1710, subió al poder en Inglaterra el partido tory, y se pasó rápidamente a sus filas. Comenzó a dirigir entonces sus ataques contra los whigs, a través de una serie de textos cortos, dirigió el Examiner, el órgano informativo de los tories, y publicó una gran cantidad de panfletos, en los que defendía abiertamente la política social del gobierno tory. De entre esos textos, el más elocuente e influyente fue El comportamiento de los aliados (noviembre de 1711). Este panfleto fue la causa de la dimisión de John Churchill, primer duque de Malborough, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas británicas.
Inició sus Cartas a Stella en 1710. Stella era el nombre que él utilizaba para dirigirse a Esther Johnson, residente en Dublín.
. En 1717, fue deán de la catedral de San Patricio de Dublín. Entre 1724 y 1725 publicó anónimamente Cartas de Drapier, una serie de panfletos en los que defendía la validez de la moneda irlandesa, y que ocasionaron el fin del permiso otorgado por la corona a un comerciante inglés para acuñar monedas en Irlanda. Una modesta proposición (1729), incluye una propuesta especialmente irónica, la de que los niños irlandeses pobres podían ser vendidos como carne para mejorar la dieta de los ricos. Su obra maestra, Viajes a varios lugares remotos del planeta, titulada popularmente Los viajes de Gulliver, fue publicada como anónimo en 1726 y obtuvo un éxito inmediato. Fue concebida como una sátira, fue añadiendo, durante los seis años que tardó en escribirla, reflexiones acerca de la naturaleza humana. Narración imaginativa, ingeniosa y sencilla de leer. Sus últimos años, se caracterizaron por asomos de demencia. Sufrió ataques de vértigo y, tras un largo periodo de decadencia mental, falleció el 19 de octubre de 1745. Enterrado en la catedral de la que fue deán, junto al sepulcro de Stella. Su epitafio, escrito por él mismo en latín, reza: "Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad".

jueves, 27 de mayo de 2010

UNA MODESTA PROPOSICION de Jonathan Swift

Una modesta proposición: Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público
Jonathan Swift

Dublín, Irlanda, 1729
Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.
Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.
Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.
Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.
Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.
El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.
Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.
Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.
Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.
Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.
He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.
Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.
Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.
Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.
Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.
Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.
Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.
Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.
He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.
En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.
Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.
Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.
Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.
Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.
Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.
Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.
Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.
Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.
Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.
Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

martes, 25 de mayo de 2010

Los escarabajos vuelan al atardecer



Leemos esta quincena el libro de María Gripe, Los escarabajos vuelan al atardecer.


Adjunto biografía, breve y superconcisa de la autora.



Escritora sueca de literatura infantil, galardonada con el Premio Andersen. Nació en Vaxholm, cerca de Estocolmo, y su padre era escritor. Estudió Filosofía y también Historia de las religiones en la Universidad de Estocolmo. Tras licenciarse, se dedicó a la enseñanza. Se casó con el pintor e ilustrador Harald Gripe, que la animó a escribir y más tarde ilustraría muchos de sus cuentos. Aunque comenzó escribiendo libros de tipo tradicional, surgidos, como ella misma dice, de las historias que contaba a su hija Camila, pronto comenzó a escribir otras en las que sacaba a la luz el autoritarismo que se esconde en la familia y en la escuela, lo que la hace una de las representantes de la tendencia antiautoritaria en la literatura infantil. Con un estilo exquisito y un lenguaje certero y simple, afronta cualquier tema realista, por muy peligroso que pueda parecer, pero que preocupa a la infancia: el hijo no deseado o ignorado, el alcoholismo, la cárcel, el paro, la envidia, la inadaptación, la muerte, la soledad, son hechos que forman parte de la vida cotidiana y con los que hay que aprender a vivir o que hay que superar. Libros fundamentales de María Gripe son: Hugo y Josefina (1960), La hija del espantapájaros (1963), Los hijos del vidriero (1964), la serie sobre Elvis Karlson (1973), El abrigo verde (1980), Aquellas blancas sombras en el bosque (1983) o Carolín, Berta y las sombras (1985). En 1974, le fue concedida la medalla Hans Christian Andersen

miércoles, 19 de mayo de 2010

POESÍA


SILVIA PLATH
La poetisa, prosista y ensayista estadounidense Sylvia Plath, cuya obra refleja ensimismamiento y obsesión por la muerte, recurrentes entre el drama y la locura, y quien fue la primera en obtener el Premio Pulitzer póstumo, nació en Boston el 27 de octubre de 1932.
Plath ha sido considerada como una escritora profundamente honesta, cuyo incesante libre escrutinio ha dado un singular punto de vista psicológico y el desorden con el tema del mártir feminista, en una sociedad patriarcal.
Conoció al poeta inglés Ted Hughes, con quien se casó en 1956
Más tarde, la experiencia de un aborto quedó plasmada en algunos de sus poemas. Entre sus obras destacan la intensa vinculación de sus imágenes violentas o perturbadas, y su uso lúdico de la aliteración y rima. Dos años después del nacimiento de su primer hijo, la pareja decidió separarse. Para entonces, la escritora retornó a Londres con sus hijos, Frieda y Nicholas. En 1962, ese invierno, en una profunda depresión, Plath escribió la mayoría de los poemas que componen su libro más famoso, "Ariel", que al igual que su poesía posterior, publicada después de su suicidio, refleja un ensimismamiento y una obsesión por la muerte crecientes.
Durante mucho tiempo se consideró que sus repetidas depresiones e intentos de suicidio se debieron a la muerte de su padre en su niñez, pérdida que no logró superar, sin embargo, hoy se sabe con certeza que la poeta padecía trastorno bipolar.
http://www.vanguardia.com.mx/pasion,_creatividad_y_locura_en_la_poesia_de_sylvia_plath-62733.html

Una vida

Tócala: no se encogerá como pupila

esta rareza oviforme, clara como una lágrima.

He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,

como flora distintade un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

Toca este vaso con los dedos: sonará

como campana china al mínimo temblor del aire

aunque nadie lo note o se anime a contestar.

Los indígenas, como el corcho graves,

todos ocupadísimos para siempre jamás.

A sus pies las olas, en fila india,

no reventando nunca de irritación, se inclinan:

en el aire se atascan,

frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.

Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia

de rostros habituales, a un coleccionista,

por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

En otros lugares el paisaje es más franco.

Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo

platillo de hospital en torno, parece

la luna o una cuartilla de papel intacto.

Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.

Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa

anticuada, el mar, plano como una postal,

que una dimensión de más le impide penetrar.

Dolor y cólera neutralizadas,

ahora dejad la en paz.

El porvenir es una gaviota gris, charla

con voz felina de adioses, partida.

Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,

y un ahogado, quejándose del frío, se agaza

pasaliendo a la orilla.

Soy vertical


Mejor querría ser horizontal.

No soy un árbol con raíces hondas

en tierra, sorbiendo minerales y amor materno,

refloreciendo así de marzo en marzo,

reluciente, ni orgullo de parterre

blanco de admirativos gritos, muy repintado,

y a punto, ignaro, de perder sus pétalos.

Comparado conmigo es inmortal

el árbol, y las flores más audaces:

la edad del uno, la temeridad de las otras.

noche, en luz infinitésima

de estrellas, árboles y flores

han esparcido su frescura aulente.

entre ellos me paseo, no me ven, cuando duermo

a veces pienso que me les hermano

más que nunca: mi mente descaece.

Resulta más normal, echada. El cielo

y yo trabamos conversación abierta, así seré

más útil cuando por fin me una con la tierra.

Árbol y flor me tocarán, veránme.


DANZAS NOCTURNAS
Una sonrisa tuya cae en la hierba

y se pierde para siempre.

¿Y dónde se extraviarán

tus danzas nocturnas? ¿En las matemáticas?

Saltos y espirales tan puros-

sin duda recorren

eternamente el mundo, y no me quedaré

despojada de belleza: el don

de tu pequeña vida, tu olor

a pasto mojado cuando duermes, azucenas, azucenas

que no pueden compararse con tu carne.

La cala, los fríos pliegues de su ego,

y el lirio, embelleciéndose a sí mismo-

manchas, y un despliegue de pétalos ardientes.

Los cometas

tienen que atravesar tanto espacio,

tanta frialdad, tanto olvido.

Así se desvanecen sus gestos-

y humanos, y luego su luz rosa

dasangrando y desollándose

a través de las amnesias negras del cielo.

Por qué me son otorgadas

estas lámparas, estos planetas

que caen como bendiciones, como copos de nieve

hexagonales, blancos

sobre mis ojos, mis labios, mis cabellos

rozándome y fundiéndose.

En ninguna parte.


TED HUGHES
La repetida tragedia marcó la vida de un poeta gigante - Dos nuevos libros reconcilian a los lectores españoles con el viudo de Sylvia Plath
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS 17/05/2010
http://www.elpais.com/articulo/cultura/ultimo/perdon/Ted/Hughes/elpepicul/20100517elpepicul_1/Tes
Ted Hughes (Yorkshire, 1930-Devon, 1998) poseía una cualidad animal, una intensidad callada que atraía las miradas. Era un poeta y un hombre de una ferocidad misteriosa y primitiva, que entroncaba con su obsesión por la naturaleza. Todos querían estar cerca de él, pero casi todos se sintieron alguna vez abandonados por él. Un niño que se crió pegado a su hermano mayor, que le enseñó a cazar, pescar y vivir entre animales; un joven que memorizaba palabra por palabra a Shakespeare y un marido fatalmente marcado por la tragedia. Cuando su primera mujer, la poetisa estadounidense Sylvia Plath, se suicidó en 1963, Ted Hughes escribió a su suegra: "No quiero que se me perdone jamás. Si existe la eternidad, estoy condenado a ella". Siete años después, cuando su segunda mujer, Assia Wevill, también se quitó la vida junto a la hija de ambos, Shura, el poeta enmudeció. Años más tarde se sabría que comparó aquel dolor con enormes puertas de hierro que golpeaban sin tregua su pecho.
La tragedia aplastó la figura pública de un poeta gigante y su obstinado silencio no contribuyó a mejorarla. Pero Hughes nunca dejó de hablar, lo hizo a través de lo único que de verdad entendía: la poesía y sus enigmas.


Emily Bronté

" El viento de Crow Hill era su amado,

sólo ella sabía el secreto

de su historia ardiente

pero su beso fue fatal.

En su oscuro Paraíso

reinaba el arroyo que ella adoraba tanto

y consumió su pecho.

El crespo y húmedo rey de ese reino

salvó el muro y yació en su cama

enferma de amor y zarapito

cubrió sus entrañas, bajo su corazón creció la piedra,

su muerte es un llanto de niño por el páramo. "

Teología

No, la serpiente no
Sedujo a Eva con la manzana.
Todo esto simplemente es
Corrupción de los hechos.

Adán comió la manzana.
Eva comió a Adán.
La serpiente comió a Eva
Esto es el oscuro intestino.

Mientras la serpiente
Reposaba de su comida lejos del paraíso-
Sonreía al escuchar
Que los quejidos de Dios la llamaban.


viernes, 14 de mayo de 2010

Moll Franders

Argumento
La madre de Moll es una convicta en la prisión de Newgate, a la cual se le concede un permiso en atención a su
embarazo. Nada más nacer, Moll es criada por una madre de acogida y su madre es deportada a América, donde
posteriormente se reencuentran. Después entra a trabajar como criada para una famillia, y es cortejada por los dos
hijos. Uno de ellos, el mayor, la deja seduce, pero le convence para que se case con el menor. Cuando éste muere,
Moll deja a sus hijos en compañía de los suegros, y comienza a hacerse pasar por una viuda rica, esperando lograr así
un marido que la proteja y le dé seguridad.
Sus éxitos son escasos: el primer marido que logra de esta forma sufre una bancarrota y huye, dejándola abandonada;
el segundo resulta ser hijo de la madre biológica de Moll, es decir, su hermano, por lo que ella disuelve el
matrimonio y vuelve a Inglaterra con dos de sus hijos. En Bath inicia una relación con un hombre cuya mujer está
encerrada debido a una enfermedad mental. La relación con este hombres es platónica al principio, pero luego pasan
a vivir como marido y mujer, y tienen un hijo; un repentino accidente hará que el hombre se arrepienta y decida
volver al lado de su verdadera mujer, abandonando nuevamente a Moll.
El siguiente pretendiente de Moll es un banquero casado con una esposa adúltera. Mientras espera a que éste se
divorcie de su mujer, Moll sigue aparentando ser rica, para intentar atraer a otro marido con posibles. Cuando conoce
a un grupo de católicos, éstos intentan convertirla, y uno de ellos, supuestamente rico, accede a casarse con ella.
Cuando Moll confiesa que en realidad no tiene dinero, él igualmente admite que la ha engañado, y que tampoco lo
tiene. Embarazada nuevamente, Moll vuelve con el banquero, aunque secretamente espera que su marido vuelva.

Tras el nacimiento del niño y el divorcio, la exmujer del banquero se suicida, y Moll se ve por fin casada con un
hombre rico. Sin embargo, su conciencia le impide disfrutar de su nuevo estado. Así, comienza una carrera como
ladrona, empleando para ello su ingenio, encanto y feminidad, así como su falta de escrúpulos. A causa de sus
fechorías, Moll es apresada y enviada a la cárcel de Newgate (como su madre, y como el propio Daniel Defoe). En
prisión se reencuentra con su marido, también condenado por robo, y juntos son deportados a América para escapar
de la pena de muerte. Allí se entera de que su madre le ha dejado en herencia una plantación. Se reúne con su
hermano y con su hijo, y logra hacerse con una granja que le proporcionará abundantes ganancias. Arrepentida por
sus múltiples pecados, Moll regresa finalmente a Inglaterra para vivir "en sincera penitencia por las vidas de pecado
que hemos vivido".

Significados y recepción crítica

Moll Flanders ha sido considerado una novela picaresca y una "moralidad" teatral, y ciertamente tiene rasgos de
ambos géneros. Considerada como novela picaresca, Moll es un personaje de clase baja que se mueve por distintas
clases sociales intentando salir adelante con su ingenio. Considerada como "moralidad", podría entenderse de dos
formas distintas: podría entenderse que se trata de una tragedia, ya que Moll sufre todos sus males por un único
defecto (querer ser rica sin poder serlo) que la lleva a cometer adulterio, prostitución, abandono infantil, incesto y
robo; por otro lado, también podría leerse como la historia de los crímenes de una mujer sin fe, con una voluntad
pecaminosa, a la que la prosperidad sólo le llega cuando acepta la confesión y la sumisión a los designios divinos.
De esta forma, la novela presentaría las visiones sociales de las ideologías liberal y conservadora de la época.
Defoe era de hecho un puritano reconocido: creía en el trabajo, la devoción y la providencia de la gracia divina.
Existe por ello un cierto debate acerca de si pretendía que Moll fuera un personaje simpático al lector. la novela, que
dedica muchas páginas a narrar los pecados y crímenes de Moll, dedica en cambio muy pocas a su arrepentimiento,
lo que plantea dudas sobre su sinceridad. Es por tanto un personaje ambivalente, del mismo modo que la obra:
mientras que algunos la consideran ejemplarizante, otros en cambio creen que Defoe se valió de su contenido
escandaloso como forma de lograr más lectores y, por tanto, mayores ingresos económicos.La novela combina en
todo caso el interés de Defoe por la narración de una conversión o arrepentimiento, con su atracción hacia el crimen.
Moll Flanders fue en su época una novela muy popular, y la fama de Defoe aumentó gracias a ella: aunque ya había
escrito historias sobre criminales antes, tras Moll Flanders publicó dos obras dedicadas a las vidas de Jack Sheppard,
allanador de moradas, en 1724, y del criminal Jonathan Wild en 1725. También en 1724, Defoe volvió a tomar como
tema una mujer pecaminosa en Roxana.
Desde el punto de v
y los castigos en el mundo criminal del siglo XVIII. Contiene además una de las pocas descripciones detalladas de la
ista de los historiadores, Moll Flanders ofrece valiosa información acerca de la vida, los hábitosvida en el barrio londinense de The Mint, así como de la Prisión de Newgate. Refleja además la visión de los Estados
Unidos de América a comienzos del siglo XVIII, lo que la convierte, en cierto modo, en propagandapro-inmigración, ya que refleja una visión de una América pacífica, tolerante y llena de oportunidades

jueves, 13 de mayo de 2010

Moll Flanders



Leemos esta quincena Moll Flanders de Daniel Defoe. Adjunto breve biografía del autor



Novelista y periodista inglés cuya obra refleja su variada experiencia en muchos países y en muchos aspectos de la vida. Además de ser un brillante periodista y novelista, Defoe fue un autor prolífico que escribió más de 500 libros, panfletos y opúsculos. Defoe nació en Londres alrededor de 1660, hijo de un pequeño comerciante llamado Foe. Daniel antepuso el elegante 'De' a su nombre hacia 1700. Estudió para sacerdote presbiteriano, pero en 1685 decidió dedicarse a los negocios. Se hizo comerciante textil, y su trabajo le brindó frecuentes oportunidades de viajar por el oeste de Europa. Defoe, enemigo de Jacobo II, participó activamente en 1685 en la fallida sublevación dirigida por el duque de Monmouth contra el rey. Su negocio quebró en 1692 pero más adelante se hizo con el control de una fábrica de ladrillos. Obtuvo un puesto en el gobierno en 1695 y ese mismo año escribió Ensayo sobre los proyectos, un excelente análisis sobre asuntos de interés público como la educación de las mujeres. Digno de destacar entre sus escritos de los años siguientes es el poema satírico El verdadero inglés (1701), un ataque contra la creencia en la superioridad racial o nacional, dirigido particularmente a quienes recelaban del nuevo rey, Guillermo III, por ser holandés. Al año siguiente publicó, sin firmarlo, un libelo titulado El medio más eficaz para con los disidentes, en el que ironizaba sobre la intolerancia religiosa fingiendo compartir los prejuicios de la Iglesia anglicana contra los disidentes. En 1703, cuando se descubrió que Defoe era el autor del libelo, fue arrestado y condenado a una pena indeterminada de cárcel por difamación. Robert Harley, el portavoz de la Cámara de los Comunes, logró su puesta en libertad en noviembre de 1703, probablemente con la condición de que accediese a actuar como agente secreto y propagandista del Gobierno. La quiebra de sus negocios como consecuencia de la estancia en la cárcel le acarreó graves dificultades económicas, por lo que decidió dedicarse al periodismo para subsistir. Entre 1704 y 1713 redactó la mayor parte de los artículos de un diario de noticias titulado The Review, cuyos análisis y opiniones eran a menudo independientes pero por lo general favorables a la política del Gobierno. Defoe defendió ardientemente la unión con Escocia, y sus tareas como agente secreto implicaron probablemente otras actividades en pro de esa unión, que se alcanzó en 1707. En 1709 escribió una Historia de la unión. La primera y más famosa novela de Defoe, Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinsón Crusoe de York, navegante, se publicó en 1719, cuando su autor contaba ya casi 60 años. Este relato ficticio sobre un náufrago se basaba en las aventuras de un marino, Alexander Selkirk, que había sido abandonado en una isla del archipiélago Juan Fernández, frente a las costas de Chile. Esta novela, llena de detalles sobre las ingeniosas ideas de Robinsón para sobrellevar los rigores de la isla, se ha convertido en un clásico de la literatura infantil. Defoe siguió escribiendo novelas: Memorias de un caballero (1720), Vida, aventuras y piratería del célebre capitán Singleton (1720) y Fortunas y adversidades de la famosa Moll Flanders (1722), las aventuras de una prostituta londinense que está considerada como una de las grandes novelas inglesas. En esta última obra Defoe mostró su conocimiento de la naturaleza humana y su interés por los motivos que conducen a determinados comportamientos. También reflejó su preocupación por los pobres. Entre sus otros escritos de importancia cabe destacar Diario del año de la peste (1722), El Coronel Jack (1722), Lady Roxana o la cortesana afortunada (1724), Un viaje por toda la isla de Gran Bretaña (1724-1727), Historias de piratas (1724-1728) y El perfecto comerciante inglés (1725-1727). © eMe
Textos:

lunes, 10 de mayo de 2010

POESÍA

Centenario del poeta Luis Rosales
Poeta y ensayista granadino Luis Rosales (1910-1992), declarado 'Autor del año 2010' por la Consejería de Cultura de Andalucía.
Luis Rosales, aquel náufrago metódico
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Luis/Rosales/naufrago/metodico/elpepucul/20090519elpepicul_12/Tes
En su autobiografía, el poeta y ensayista Luis Rosales (1910- 1992) escribió: "Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir, y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores, hasta la última, hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente, así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño, sabiendo que jamás me he equivocado en nada, sino en las cosas que yo más quería".
Quizás le pesara, como él mismo reconocería, la guerra y no haber podido hacer nada por salvar a su amigo el también granadino y también poeta Federico García Lorca, arrestado en su casa, pese a que Rosales había obtenido garantías de que las autoridades rebeldes le respetarían.
Luis Rosales, figura máxima de la Generación del 36, está considerado como el poeta de lo cotidiano o, como lo definiría Dámaso Alonso, uno de los mejores exponentes de la poesía arraigada: entrañable, intimista y centrada en los hechos y figuras que rodean al poeta: su familia, la amistad, su casa y hábitos para crear una autobiografía sentimental.
EL BOSQUE SE IBA HACIENDO AL ARDE

Me están mirando en tus ojos
los ángeles del instante,
los ángeles que han perdido
la memoria al contemplarse.
Me estoy reuniendo en tus brazos;
te siento casi quemándome;
arden el tronco y las ramas
pero las hojas no arden.
Estamos juntos, sin vernos,
repetidos y distantes,
juntos pero no vividos,
tristemente naturales.

AYER VENDRÁ
La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves van rompiendo
un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante, un tren,
que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.

CONTIGO [fragmento]
No hay noche, no hay luna, no
hay sol cuando estoy contigo,
tiemblo de quererte tanto,
tiemblo de sentirme vivo,
tiemblo de saber que un día
la espuma se lleva al río,
y en el corazón del hombre
se lleva al tiempo el olvido.
No hay luz, no hay jardín, no hay
noche de otoño contigo,
¡quisiera que se acortara
el tiempo cuando te miro!
contigo para perderme,
para salvarme contigo, contigo,
Abril, para siempre
por los siglos de los siglos.
* * *
Tiemblo de verme en tus ojos
sin comprender el bautismo,
contigo, Abril, primavera,
el nombre nace contigo,
y el ser también en el seno
de tu vientre estremecido,
nieve niña y madre virgen
de mi tiempo y mi destino;
por ti se agrupa el rebaño
por ti se doblan los trigos,
por ti los álamos tiemblan
y el mar se levanta en vilo
como los pueblos que llevas
en la mirada perdidos
para siempre, como el tiempo
que vuelve a nacer contigo,
contigo para salvarme,
para perderme contigo
como el beso que no sabe
sobre qué boca ha nacido.
¡No puedo verte, no puedo
verte cuando estoy contigo!
¡no sé mirarte, no sé
mirarte, pero te sigo!
tuyo seré madreselva,
madre viento y madre río,
isla de ti solamente
mi nacimiento continuo,
que estoy con dolor queriendo
lo que muero y lo que vivo,
lo que vivo y lo que muero
de tenerlo sin vivirlo.
* * *
Ya el tiempo es sólo el espejo
donde te sueño lo mismo
que los chopos en invierno
sueñan su verdor florido

LARGA ES LA AUSENCIA

Tu soledad, Abril, todo lo llena.
Colma de luz la espuma y la corriente.
Aurora niña con su sol reciente.
Toro en golpe de mar como mi pena.
La soledad del corazón resuena
desierto ya como un reloj viviente,
como un reloj que late porque siente
la marcha de tu pie sobre la arena.
Y así vas caminando sangre adentro,
sangre hacia arriba, hacia el primer encuentro,
sangre hacia ayer en la memoria mía;
¡ay, corazón, donde me pisas tanto!,
¡qué soledad sin ti, cierva de llanto!
qué soledad de luz buscando el día.

¿CÓMO NACE UN RECUERDO?
Retrato de Dionisio Ridruejo

¿Cómo nace un recuerdo? ¿No era un junio?
El cielo abría su puerta
sobre el valle del Arga.
Entre los montes iba la luz con obediencia trémula.
Recuerdo que el silencio atardecía
toda la vida a su extensión sujeta:
los caminos sin gente, las murallas,
y el fresco olor que a los pinares lleva.
Oyendo unas campanas vi tus ojos,
pequeños y naciendo de la tierra
jugaban con un dejo campesino
en la mirada concentrada y lenta,
no suspicaz pero alertada y pronta,
no impositiva pero fija y cerca
de ser dura, tal vez, cuando nos mira
y nos puede ayudar con su dureza.
Los ojos sin pestañas, se diría
sin párpados también, sin brillo apenas,
con libertad no exenta de mesura,
con derramada y fácil negligencia.
¿Cómo nace un recuerdo? La luz última
arropaba tu cara entre la niebla,
descarnada, pequeña, fina y dulce,
cansado el gesto y sin cansar la fuerza.
El cabello castaño, cuando ríes
la risa te reclina la cabeza;
la piel áspera y pálida, la boca
desdibujada, exánime, risueña.
En testimonio de vivir tenías
hoyuelada la cara,
y había en ella
una gran paz convaleciente:
hoy
sigues dando esa paz que tú no encuentras.
Recuerdo que me hablabas descansando
todo el cuerpo en la voz, y tu voz era
la que llevaba al mundo de la mano,
amplia, segura, convencida, cierta.
Recuerdo... ya no sé. ¿Cuándo empezaste
a estar detrás de la memoria entera,
detrás y como un tren que caminara
sobre dos vidas en la misma rueda?