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Próxima reunión 27 de Mayo, domingo. Hora 19.30







sábado, 19 de junio de 2010

Muere José Saramago


Se va Saramago, el hombre que nos previno contra una destructora epidemia de ceguera. Y en estos tiempos su adiós parece un símbolo.El primer Premio Nobel que recibió la lengua portuguesa ha sido un referente para toda la izquierda del planeta. Afiliado al Partido Comunista, y a pesar de sus éxitos literarios, Saramago no dejó jamás de implicarse en todos los asuntos sociales y políticos.Quizá por su activismo eligió como compañera desde hace 25 años a la también periodista sevillana Pilar del Río.España y Portugal unidos en un matrimonio que a Saramago le habría gustado llevar hasta el altar de lo político."El hombre que se atrevió a decir no", ése podría ser un buen epitafio para él. En estos tiempos en los que, más que nunca, nos obligan a decir que sí. -
Enlazo un especial de El País sobre José Saramago. Pinchad en el título para acceder a él

viernes, 18 de junio de 2010

Biografía de Arto Paasilinna




Como leemos esta quincena, "Delicioso suicidio en grupo" del finlandés Arto Paasilina, creo conveniente pegar una mini biografía del autor.
No hay mucho en internet del autor, espero que disfrutéis del libro.








Anagrama, en la presentación del autor, dice de él, que es exguardabosques, experiodista y expoeta. Todo en pasado. También añade que es un autor de gran fama en Finlandia. Y poca cosa más. En realidad, es lo que se sabe de Paasilinna en el mundo hispanohablante, porque aunque varias de sus obras se hayan traducido a nuestro idioma, el escritor sigue siendo un, casi, completo desconocido para el lector medio.Para profundizar un poco, sólo un poco más, en su vida tenemos que recurrir a fuentes inglesas, francesas, italianas, alemanas, y, claro, por supuesto, finlandesas. Lenguas en las que, también, se han traducido sus novelas y en las que el autor aparece un poquito más desvelado.Arto nació un 24 de abril del año 1942, en Kitila (en la Laponia finlandesa), en pleno éxodo familiar, por ello, en lugar de nacer en una hermosa clínica o en un cálido hogar finlandés, le tocó hacerlo en un camión de refugiados. Las Brigadas rojas rusas invadían su región de origen(Petsamo, en las orillas del Oceáno Ártico, con un acceso maritimo muy deseado por los soviéticos y que acabaría en manos de la URSS un año más tarde). Transcurría la Segunda Guerra Mundial y ya el padre, por aquella época, había roto con su familia, hasta el punto de cambiar el apellido original (Gullsten, ‘piedra dorada’, en sueco) por el de Paasilinna, que en su idioma significa ‘fortaleza de piedra’. Estas circunstancias de huida (de Finlandia, pasaron a Noruega, de Noruega a Suecia, y de Suecia, de nuevo a Noruega para acabar, finalmente en la Laponia) marcarían, sin lugar a dudas, el resto de su vida y, por supuesto, su obra literaria. Paasilinna ha dicho en varias ocasiones, que la huida, a pesar de sus aspectos negativos, tiene también algo de bueno: la huida supone la existencia de una lucha.Desde los trece años hasta los 20, el joven ejerce un sinfín de profesiones, la mayoría relacionada con el ambiente rural donde vivía (a esto se refiere el exguardabosques de la presentación de la editorial española). De nuevo recurrimos a las propias palabras de Arto, que se autocalifica como un joven de campo, “trabajando la tierra, el bosque, la pesca, la caza, toda esta cultura que se encuentra en mis libros”.A los 20 años decide volver a los estudios, e ingresa en una escuela pública para adultos, la Escuela de Educación Superior, donde se proponía estudiar periodismo. Aquí estudiará entre 1962 y 1963. Casi simultaneamente, empezará a trabajar en un periódico local lapón: El pueblo lapón (Lapin Kansa). Este momento es lo que él llama su paso del campo a la ciudad. E igual que considera imprescindible en el análisis de su obra, el reconocimiento de su vida rural, también ve que su etapa como periodista, escribiendo ‘artículos serios’, le hicieron ejercitar la pluma para escribir ‘cosas interesantes’.Hasta 1988, estuvo escribiendo, en ocasiones como simple colaborador, otras formando parte de la plantilla, en diferentes periódicos y revistas literarias (entre otras: en 1964 fue vicedirector del diario Koillissanomat; en 1966 jefe de redacción del Pohjolan, y en 1973 fue nombrado director ejecutivo del Nuoren Voiman Liito).En lo que se refiere a su vida familiar, está casado con Terttu Annikki Kasper y tiene dos hijos : Jyrki Petteri y Janne, nacidos respectivamente en 1964 y 1967. Vive cerca de Helsinki. Tiene, por otra parte, siete hermanos, cuatro de ellos también escritores (uno de ellos, además, diputado europeo), un médico, un actor y un profesor.

jueves, 17 de junio de 2010

ARTO PAASILINA

"La muerte nos amenaza, pero también nos hace libres"
Adjunto un extracto de una entrevista a Arto Paasilina
Con humor, ironía y sarcasmo, el autor crea una fábula en la que desenmascara los atajos hacia la muerte. El novelista, ex guardabosques y ex poeta, reflexiona en esta entrevista sobre el sentido de la vida y la manera de asumirla, a la vez que denuncia el maltrato a la naturaleza.Paasilinna. ¿Paasilinna? ¿Quién es ése? Son interrogantes ante los cuales un finlandés, un nórdico y más de un francés o italiano subirían las cejas y pondrían cara de ¿cómo, no sabe quién es? Pero en España la verdad es que es un escritor que se ha editado muy poco y sin mucha fortuna. En cambio, en Finlandia un nuevo libro de Arto Paasilinna (Kittila, 1942) es siempre esperado con una sonrisa. Humor e ironía son sus aliados. El objetivo: denunciar problemas ecológicos y de la sociedad contemporánea, a la vez que lleva a las personas al encuentro consigo mismo. Sin temores. Incluso se atrevió con uno de los principales dramas de su país y que tituló: Hurmaava joukkoitsemurha. Que en español viene a ser algo así como Delicioso suicidio en grupo (Anagrama), título con que se acaba de editar en España.
PREGUNTA. Vaya manera original de abordar un tema tan delicado como el suicidio.
RESPUESTA. El suicidio como tema de una novela es exigente y peligroso, ya que la autodestrucción ha de ser tratada con responsabilidad y no se puede hacer de ella un chiste. Sin embargo, esto no significa que haya que desesperarse; al contrario, mi intención ha sido la de proporcionar a los lectores una esperanza de vivir
.
P. Entre tragedia y humor, la novela es una exaltación de la vida y esperanza en el ser humano.

R. No se puede escribir una novela demasiado sombría sobre este tipo de tema. No es conveniente hacer de la autodestrucción un hecho comprensible ni, bajo ningún concepto, hacer de ella algo digno de aprobación. Al margen de la tragedia, he intentado de verdad darles a los lectores esperanza, y de otro modo, con ayuda del humor.
P. ¿Qué hacer ante el persistente ataque de la industria y el progreso a la naturaleza, y que usted denuncia en la novela?

R. La destrucción de la naturaleza debería ser considerada un crimen y, en cualquier caso, debería obligarse a las industrias que contaminan a que pagasen los desastres que provocan.
DELICIOSO SUICIDIO EN GRUPO
Arto Paasilinna

Delicioso suicidio en grupo tal vez sea una de sus narraciones más corrosivas. En ella aborda, con admirable sarcasmo, una de las dos lacras de la sociedad finlandesa (la otra es el alcoholismo, que también recorre estas páginas con pasos tambaleantes). El suicidio, en Finlandia, es una tentación tan ineludible como el frío, y raro es el finlandés que no haya pensado, alguna vez, en aprovecharse de una opción que resuelve, de golpe, todos los problemas. "Parecía que en Finlandia -se dice por algún sitio- no faltaban los suicidas persistentes". Paasilinna reconvierte ese drama social en afición nacional, apropiada para crear lazos de camaradería y poder ayudarse así, unos a otros, a salir felizmente de este mundo. Claro que, como en todas las decisiones radicales, también en ésta hay dudas sobre la mejor manera de llevarla a cabo. ¿Se puede imaginar el lector un seminario de suicidiología? Los asistentes son gente normal como usted y como yo, pero con precisas intenciones de no dejarse engañar por la postergación. La situación es tan delirante que un organizador del seminario no tiene reparos en declarar: "Aunque el tema de nuestra reunión es obligadamente serio y, a su manera, deprimente, quisiera que ello no fuera motivo para aguarnos este hermoso día de verano". El absurdo aquí salta por todas partes -un absurdo amable, dulcificado por la comicidad-, y la novela se convierte en una road movie, donde en un modernísimo autobús una treintena de suicidas recorren media Europa con el fin de hallar un lugar idóneo para precipitarse al vacío. Es mejor que el lector descubra por su cuenta las triquiñuelas morales, los aspavientos, la insensatez y las siempre amenas añagazas con que este grupo se enfrenta a una decisión que "debía llevarse a cabo con elegancia". Y, como es marca de la casa en la fértil narrativa de Paasilinna, la galería de personajes es prolija y jugosísima. Y no es una novela contra el suicidio, sino contra el ridículo de las determinaciones.

lunes, 7 de junio de 2010

POESÍA


JUAN GELMAN

Las únicas prisas de este hijo de emigrantes ucranios nacido en Buenos Aires hace 79 años parecen volcarse en la escritura. En 2007, recibió el Premio Cervantes y publicó un poemario, Mundar. Ahora acaba de publicar otro, De atrásalante en su porfía (Visor), un volumen con centenar y medio de poemas, el equivalente a tres libros de cualquier otro autor. Pese a todo, Gelman no cree en la inspiración: "En lo que creo es en la obsesión". Además, se confiesa escritor de poemas, no de libros. "El libro se hace sólo", explica. "Uno escribe para enterarse de lo que le pasa. Nunca sabes lo que querías decir hasta que lo has escrito".
http://www.elpais.com/articulo/cultura/confianza/ser/humano/lastimada/sigue/pie/elpepicul/20091124elpepicul_3/Tes Gelman: "Mi patria es la lengua"
El poeta argentino Juan Gelman, afirmó en Pekín que su exilio de 13 años le llevó a muchos países "pero sólo tengo una patria, la lengua". Gelman participó en un acto en el Instituto Cervantes de Pekín y defendió el papel de esta institución en la difusión de la literatura en castellano.
"Nací en Argentina a la lengua de mi infancia. Rodé por muchos países y me establecí en México por deseo. Todos pertenecemos al mundo y si una patria tengo es la lengua. La lengua tiene muchas patrias: la infancia, la familia... todo lo que va haciendo al individuo", declaró Gelman. "Para un poeta y escritor es lo único que puede habitar. Después, aunque le manden al exilio y al infierno, no importa", añadió.
Sobre la importancia de la lengua en su vida, destacó: "Italia fue mi primer país de exilio, seguido de unos meses en España y luego Francia. A pesar de mi estado de furia, impotencia y dolor por las tragedias que se sucedían en Argentina, no podía escribir. El entorno lingüístico me apartaba".
Según Gelman, "cada poeta encuentra su propia voz y la lengua que necesita. Yo no he creado una. El castellano estaba bien hechito cuando yo nací".
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Gelman/patria/lengua/elpepucul/20090415elpepucul_1/Tes

CEREZAS

(a Elizabeth)


Esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa
en el revés de un éxtasis/hace dos o tres besos fue

mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo

cuando le dan de amar/
y un beso antes todavía/pisaba el mundo corrigiendo la noche

con un pretexto cualquiera/en realidad es una nube

a caballo de una mujer/un corazón
que avanza en elefante cuando tocanel himno nacional y ella

rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos

por la llovizna nacional/
esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas

que lava con furor/con sangre/con olvido/encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel/caen calles de fuego de su barrio irrompible
y una mujer y un hombre que caminan atados

al delantal de penas con que se pone a lavar/igual que mi madre lavando pisos cada día/para que el día tenga una perla en los pies/
es una perla de rocío/mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío/le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío/en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas

creciendo/
el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza/siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día/limpiaba suciedades del mundo/lavaba el piso del sur/
volviendo a esa mujer/en sus hojas más altas se posan

los horizontes que miré mañana/los pajaritos que volarán ayer/yo mismo con su nombre en mis labios/


Carta

te escribo en una hojita de papel
caída del cuaderno del hijo
con una vaca un burro
sumas restas
esta carta que te enviaré jamás
tiene delicias y tristezas
y cuando la leías
te ponías muy dulce
porque yo no escribía nada
pero cantaban los pájaros
azules de la izquierda
volaban a tu sombra y callaban
con los ojos abiertos
como memorias en la noche


OPINIONES

Un hombre deseaba violentamente a una mujer,

a unas cuantas personas no les parecía bien,

un hombre deseaba locamente volar,

a unas cuantas personas les parecía mal,

un hombre deseaba ardientemente la Revolución

y contra la opinión de la gendarmería

trepó sobre muros secos de lo debido,

abrió el pecho y sacándose los alrededores de su corazón,

agitaba violentamente a una mujer,

volaba locamente por el techo del mundo

y los pueblos ardían, las banderas.


ESCRIBO EN EL OLVIDO...

Escribo en el olvido

en cada fuego de la noche

cada rostro de ti.

Hay una piedra entonces

donde te acuesto mía,

ninguno la conoce,

he fundado pueblos en tu dulzura,

he sufrido esas cosas,

eres fuera de mí,

me perteneces extranjera.

sábado, 5 de junio de 2010

Biografia de Jonathan Swift

Jonathan Swift
Escritor político y satírico anglo-irlandésNació el 30 de noviembre de 1667 en Dublín. Huérfano de padre, recibe educación gracias a la ayuda de sus tíos. Tras seguir estudios en la Universidad de Dublín (1681-1688), abandona Irlanda para reunirse con su madre establecida en el condado de Leincester. Trabaja como secretario de William Temple, importante hombre de estado de la época, miembro del parlamento y destacado diplomático, que será su protector durante diez años. En 1694, regresó a Irlanda, donde se ordenó sacerdote. Tras reconciliarse con Temple, del que se separó por incompatibilidad, volvió a su servicio en 1696. Supervisó la educación de la hija de la recién enviudada hermana de Temple, y permaneció con el caballero hasta su muerte, en 1699. Durante ese tiempo, tuvo frecuentes discusiones con su patrón, aunque dispuso de gran cantidad de tiempo para la lectura y la escritura.
Entre sus primeros escritos en prosa se encuentra La batalla entre los libros antiguos y modernos (1697), sobre las discusiones literarias del momento, que trataban de valorar si eran mejores las obras de la antigüedad o las modernas. Su Historia de una bañera (1704) es el más divertido y original de sus escritos satíricos.
En 1710, subió al poder en Inglaterra el partido tory, y se pasó rápidamente a sus filas. Comenzó a dirigir entonces sus ataques contra los whigs, a través de una serie de textos cortos, dirigió el Examiner, el órgano informativo de los tories, y publicó una gran cantidad de panfletos, en los que defendía abiertamente la política social del gobierno tory. De entre esos textos, el más elocuente e influyente fue El comportamiento de los aliados (noviembre de 1711). Este panfleto fue la causa de la dimisión de John Churchill, primer duque de Malborough, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas británicas.
Inició sus Cartas a Stella en 1710. Stella era el nombre que él utilizaba para dirigirse a Esther Johnson, residente en Dublín.
. En 1717, fue deán de la catedral de San Patricio de Dublín. Entre 1724 y 1725 publicó anónimamente Cartas de Drapier, una serie de panfletos en los que defendía la validez de la moneda irlandesa, y que ocasionaron el fin del permiso otorgado por la corona a un comerciante inglés para acuñar monedas en Irlanda. Una modesta proposición (1729), incluye una propuesta especialmente irónica, la de que los niños irlandeses pobres podían ser vendidos como carne para mejorar la dieta de los ricos. Su obra maestra, Viajes a varios lugares remotos del planeta, titulada popularmente Los viajes de Gulliver, fue publicada como anónimo en 1726 y obtuvo un éxito inmediato. Fue concebida como una sátira, fue añadiendo, durante los seis años que tardó en escribirla, reflexiones acerca de la naturaleza humana. Narración imaginativa, ingeniosa y sencilla de leer. Sus últimos años, se caracterizaron por asomos de demencia. Sufrió ataques de vértigo y, tras un largo periodo de decadencia mental, falleció el 19 de octubre de 1745. Enterrado en la catedral de la que fue deán, junto al sepulcro de Stella. Su epitafio, escrito por él mismo en latín, reza: "Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad".

jueves, 27 de mayo de 2010

UNA MODESTA PROPOSICION de Jonathan Swift

Una modesta proposición: Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público
Jonathan Swift

Dublín, Irlanda, 1729
Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.
Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.
Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.
Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.
Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.
El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.
Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.
Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.
Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.
Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.
He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.
Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.
Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.
Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.
Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.
Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.
Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.
Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.
He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.
En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.
Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.
Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.
Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.
Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.
Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.
Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.
Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.
Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.
Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.
Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

martes, 25 de mayo de 2010

Los escarabajos vuelan al atardecer



Leemos esta quincena el libro de María Gripe, Los escarabajos vuelan al atardecer.


Adjunto biografía, breve y superconcisa de la autora.



Escritora sueca de literatura infantil, galardonada con el Premio Andersen. Nació en Vaxholm, cerca de Estocolmo, y su padre era escritor. Estudió Filosofía y también Historia de las religiones en la Universidad de Estocolmo. Tras licenciarse, se dedicó a la enseñanza. Se casó con el pintor e ilustrador Harald Gripe, que la animó a escribir y más tarde ilustraría muchos de sus cuentos. Aunque comenzó escribiendo libros de tipo tradicional, surgidos, como ella misma dice, de las historias que contaba a su hija Camila, pronto comenzó a escribir otras en las que sacaba a la luz el autoritarismo que se esconde en la familia y en la escuela, lo que la hace una de las representantes de la tendencia antiautoritaria en la literatura infantil. Con un estilo exquisito y un lenguaje certero y simple, afronta cualquier tema realista, por muy peligroso que pueda parecer, pero que preocupa a la infancia: el hijo no deseado o ignorado, el alcoholismo, la cárcel, el paro, la envidia, la inadaptación, la muerte, la soledad, son hechos que forman parte de la vida cotidiana y con los que hay que aprender a vivir o que hay que superar. Libros fundamentales de María Gripe son: Hugo y Josefina (1960), La hija del espantapájaros (1963), Los hijos del vidriero (1964), la serie sobre Elvis Karlson (1973), El abrigo verde (1980), Aquellas blancas sombras en el bosque (1983) o Carolín, Berta y las sombras (1985). En 1974, le fue concedida la medalla Hans Christian Andersen